Viernes, 17 de Mayo de 2013 00:00
David Díaz Oliver
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 Después de más de 35 años bajo el yugo del franquismo, Luis Uruñuela Fernández se convirtió en el primer alcalde electo de Sevilla el 21 de abril de 1979. No fue un día como otro cualquiera en la ciudad, ya que, salvo los más viejos del lugar, nadie había tenido la oportunidad de ejercer su derecho a voto en unas elecciones municipales. Bien es cierto que las generales se habían celebrado dos años antes (ganó Adolfo Suárez), pero para encontrar un antecedente de comicios locales había que remontarse a 1933 y desde entonces había llovido mucho. El recuento dio nueve concejales a la Unión de Centro Democrático (UCD), ocho al Partido Andalucista (entonces PSA), ocho al Partido Socialista (PSOE) y seis al Partido Comunista (PCE).
Estas tres últimas formaciones llegaron a un acuerdo regional para repartirse las capitales de provincia y fue así como el andalucista Luis Uruñuela alcanzó el puesto de primer edil hispalense. Sevillano de pura cepa, Uruñuela nació en 1937, es decir, en plena Guerra Civil, y se licenció en Derecho por la Universidad de Sevilla, donde también fue profesor posteriormente. Precisamente en el ambiente académico conoció a Manuel Clavero y a Alejandro Rojas-Marcos, con quienes trabajó conjuntamente para fundar el Partido Socialista Andaluz en 1976.
De talante moderado, le tocó gobernar con unas arcas vacías, de ahí que no pudiera acometer grandes proyectos durante su gestión al frente del Ayuntamiento de Sevilla. Aun así, se negó tajantemente a paralizar las obras del Metro (iniciadas antes de tomar posesión del cargo) porque creía ciegamente en los beneficios de este medio de transporte, idea que no compartieron sus predecesores. En el aspecto urbanístico, empleó más esfuerzos en conservar edificios de gran valor que iban a hacer destruidos que en levantar otros nuevos, aunque cabe destacar que fue uno de los impulsores del Polígono Aeropuerto, barrio que se conoce actualmente como Sevilla Este. Actualmente tiene 76 años, está totalmente retirado de la política y es el presidente de estudio. Universitarios de Andalucía (EUSA).
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Martes, 14 de Mayo de 2013 00:00
David Díaz Oliver
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 El pasado sábado 11 de mayo de 2013 tuvo lugar una salida extraordinaria de la Virgen de los Reyes con motivo de la celebración del Año de la Fe. El recorrido fue el mismo que el de cada 15 de agosto, pero no fue una procesión al uso, ya que imperaba el ritual del rosario de la aurora. De esta manera, el cortejo estuvo formado nada más y nada menos que por 400 personas y los costaleros hicieron un esfuerzo para acompasarse a la estructura de los rezos. No hubo banda de música, ni cera, ni autoridades en la presidencia, pero sí megafonía y solemnidad religiosa durante dos horas que se hicieron cortas para sus devotos.
No era la primera vez que la patrona de la ciudad desfilaba por las calles por un acontecimiento especial. De hecho, en el siglo XX lo hizo en los años 1904, 1905, 1924, 1929, 1936, 1939, 1940, 1946, 1948, 1950, 1958, 1965, 1981, 1982, 1988, 1993, 1996 y 2004, por motivos tan dispares como su coronación, la sequía que azotaba a Sevilla, la inauguración del monumento a San Fernando, la celebración del Congreso Mariano Hispanoamericano, el fin de la Guerra Civil, etcétera. Cabe destacar que la de 1982 estuvo relacionada con la Visita del papa Juan Pablo II y la beatificación de Sor Ángela de la Cruz.
Al margen de estos episodios históricos que están perfectamente contrastados, también podríamos hablar de las leyendas que tienen a la Virgen de los Reyes como protagonista. Ya mencionamos en el anterior artículo algunas que versan sobre su aparición, pero hay otras posteriores en el tiempo. La más difundida asegura que una noche el deán de la Catedral vio pasear por el templo a una mujer con ropajes largos y que, sin hacer ruido, siguió sus pasos hasta la capilla, donde sólo encontró a la imagen. Eso sí, un poco desplazada y con los bajos del manto manchados de polvo. Desde entonces, más de una de sus camareras ha apreciado este detalle en ocasiones esporádicas, de ahí que haya gente que crea que la Virgen se levanta de su trono en mitad de la noche.
Lunes, 13 de Mayo de 2013 00:00
David Díaz Oliver
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 La Virgen de los Reyes no fue nombrada oficialmente patrona de Sevilla hasta el 15 de agosto de 1946, pero su historia arranca varios siglos atrás. Concretamente, en la primera mitad del siglo XIII, época en la que surgieron diferentes versiones sobre su aparición. Por un lado, se decía que, dada su belleza, fue creada por los ángeles celestiales y por otro, que fue un regalo del monarca francés Luis IX. También surgió una leyenda que aseguraba que fue el rey Fernando III quien vio su cara en un sueño, la mandó esculpir y la tuvo a su lado durante la reconquista de la ciudad.
La talla fue elaborada a tamaño real con madera de alarce y, aunque está articulada, siempre se expone sentada y con el Niño Jesús en las rodillas. Toda la figura se halla recubierta de pergamino y de su cabeza caen unos cabellos de oro, pero su actual vestimenta impide contemplarlos. Su imponencia ha ido creciendo conforme reunía más enseres, y los más habituales son el bastón de mando, la medalla de la ciudad y el fajín de capitán general. Además, alterna cinco valiosísimos mantos que fueron donados en distintos momentos por la reina Isabel II (dos de ellos), la infanta María Luisa Fernanda de Borbón, la condesa de Casa-Galindo y la duquesa de Osuna.
Todo hace indicar que llegó a la Catedral de Sevilla de la mano de Alfonso X el Sabio, aunque no hay pruebas fehacientes de este acontecimiento. Sí está documentado que fue la primera imagen mariana en ser coronada canónicamente en Andalucía (1904) y también la primera en recibir la Medalla de Oro de la ciudad hispalense (1958). Su festividad se celebra el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María y en el que se le otorgó el patronazgo, con una salida procesional por las calles de Sevilla. Recientemente ha tenido lugar una salida extraordinaria con motivo del Año de la Fe, pero de este acontecimiento y de otros que se celebraron en tiempos pretéritos hablaremos en el siguiente artículo.
Miércoles, 08 de Mayo de 2013 00:00
David Díaz Oliver
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 Jorge y César Cadaval se criaron en el barrio de El Tardón ( Triana), concretamente, en un pequeño piso de la calle Juan Díaz de Solís junto a otros cuatro hermanos. Pese a que su familia no andaba sobrada de recursos económicos, se formaron en el colegio de los Hermanos Maristas, donde fueron educados por curas y sacaron buenas notas. Sin embargo, nunca llegaron a la universidad, ya que la farándula se interpuso en el camino de ambos y consiguió ‘raptarlos’. Fue en un festival benéfico cuando Carlos, uno de sus hermanos, anunció sin previo aviso a César como un cantaor flamenco apodado ‘Rubichi de Triana’. No le quedó más remedio que salir al escenario e interpretar algunas bulerías, aunque en cuanto pudo se libró de este palo y empezó a imitar a un moro junto a su gran amigo Curro.
Aquel sketch espontáneo tuvo buena aceptación y dio pie a una ronda de actuaciones en pubs. Curiosamente, en uno de ellos, situado en la calle Calatrava, se gestó el germen de Los Morancos. César y Curro estaban realizando una parodia del papa Clemente de El Palmar de Troya cuando Jorge irrumpió con una biblia en la mano haciendo las veces de mormón, provocando una risa contagiosa entre los presentes. Poco a poco el amigo fue apartándose del grupo y dejando solos a los dos hermanos, que empezaron a ser reconocidos en Sevilla. Y no tardarían en dar el salto a la capital de España, ya que en 1984 aparecieron por primera vez en el célebre programa televisivo ‘Un, dos, tres… responda otra vez”.
En cualquier caso, la gran oportunidad de darse a conocer en el panorama nacional les llegó unos meses después, en la gala de Nochevieja de Televisión Española, en la que realizaron una parodia de flamenco en inglés obteniendo un éxito rotundo. A partir de ahí, les llovieron las ofertas procedentes de la pequeña pantalla, del teatro e incluso del cine. Y es que Los Morancos eran y son unos humoristas polifacéticos, capaces de dibujar sonrisas imitando a famosos, creando sus propios personajes (Omaíta, Antonia, Paco…), versionando las canciones del momento (‘Marica tú), etcétera. Y todo ello, siempre llevando a gala sus raíces sevillanas, la gracia andaluza y el arte del sur.
Viernes, 03 de Mayo de 2013 00:00
David Díaz Oliver
Curiosidades y anécdotas
 La irrupción de los centros comerciales y la expansión de la piratería audiovisual acabaron con muchos cines de Sevilla, incluido el Fantasio, al que un incendio terminó por darle la puntilla. Situado en la calle Pagés del Corro del barrio de Triana, cerca de la intersección con San Jacinto, gozó de mucha popularidad entre finales de los ochenta y principios de los noventa porque sus precios eran asequibles y apenas tenía competencia en ese lado del río. Pero también era conocido por el halo tétrico que le rodeaba, pues eran numerosas las leyendas de terror que circulaban en torno a sus proyecciones. Y no precisamente por el encantamiento de sus butacas o pantallas, sino por los ruidos que procedían del mugriento edificio de viviendas que estaba justo sobre él.
Algunos clientes juraron haber oído alaridos, pisadas y golpes secos, mientras que otros describieron espectros y luces cegadoras. El volumen de rumores fue creciendo de una manera tan abrumadora que el investigador García Bautista sintió la necesidad de estudiar aquellos sucesos paranormales. Pero su conclusión fue clara y concisa: allí no había nada extraño. Con el tiempo se descubrió que el origen de los fenómenos del Fantasio tenía una base estrictamente racional, trivial y mundana. Todo se debió a una promesa incumplida por parte del propietario del cine, que quedó en regalarle al dueño de un bar cercano uno de los pisos del edificio cuando concluyera las obras de remodelación. Pero faltó a su palabra.
Así, resentido por el engaño, el dueño del bar se propuso sabotear la venta del inmueble y comenzó a propagar todo tipo de invenciones sobre lo que ocurría unos metros más arriba del Fantasio. Durante un tiempo surtieron efecto, pues no había nadie que pasara por las inmediaciones y no dirigiera una mirada de desconfianza hacia la fachada, pero con el tiempo todo quedó en agua de borrajas. De hecho, el cine cerró definitivamente sus puertas en 1995 y las personas que viven en la planta superior lo hacen con absoluta normalidad. El fantasma, si es que alguna vez existió, se fue para no volver jamás.
Jueves, 02 de Mayo de 2013 16:24
Salvador
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Las tradicionales “Carretas chicas” de Gines han vuelto a recorrer en estos días las calles de la localidad anunciando la ya inminente Romería de Pentecostés 2013, dejando a su paso estampas inolvidables que anuncian que en el pueblo ya se vive intensamente el Rocío.
Las “Carretas chicas”, cuyo origen se remonta a 1974, fueron recuperadas en el año 2004. Tiradas por niños y niñas, las pequeñas carretas reproducen a la perfección las auténticas que hacen el camino del Rocío.
Este pasado lunes, al igual que el miércoles, fueron un total de siete las carretas que, precedidas por el pequeño Simpecado, partieron de la Plaza de España para recorrer algunas de las calles más céntricas de la localidad, acompañadas por los sones del tamboril, dejando de manifiesto la devoción de los pequeños romeros y su implicación con nuestras tradiciones.
Perfectamente ataviados para la ocasión, y ante la atenta mirada de sus familiares y vecinos, los niños y niñas acompañaron a su Simpecado tirando de las pequeñas carretas por las calles del municipio.
Con esta entrañable actividad, organizada por el Grupo Joven de la Hermandad del Rocío de Gines, se pone de manifiesto que la continuidad de la tradición rociera en el municipio está más que asegurada
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