| Los hombres de los barcos dicen adiós |
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| Escrito por David DÃaz Oliver |
| Viernes, 06 de Enero de 2012 00:00 |
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Probablemente ninguna otra ciudad del mundo sin mar haya tenido tanta relación con los barcos como Sevilla a lo largo de los siglos. Desde la lejana época tartesa, pasando por los años posteriores al descubrimiento de América, sin olvidar las atarazanas y la modernización del siglo XIX, hasta llegar a su último largo capÃtulo, el que va desde 1946 hasta hace tan sólo unos dÃas. Obviamente, su historia no habrÃa sido tan longeva si el Guadalquivir no hubiera sido el único rÃo navegable de España, aunque ni siquiera la particularidad de su cauce ha impedido que el astillero desaparezca.
Ha habido momentos de todos los colores: de esplendor, de alegrÃa, de incertidumbre, de desesperación, de lucha… En plena posguerra se inició la construcción de la factorÃa que hoy conocemos y fue como una bombona de oxÃgeno en términos industriales y de empleo. El mismÃsimo Franco vino a la capital hispalense para inaugurarla en 1953, dando el pistoletazo de salida a un enorme y ambicioso proyecto. Tanto es asà que la plantilla de trabajadores llegó a contarse por miles (alcanzó la cifra de los 5.000) y en épocas de bonanza, como la de la década de los setenta, se llegaron a construir nada más y nada menos que once navÃos en tan sólo un año.
Pero dicen que todo lo bueno se acaba y a partir de 1993 la actividad del astillero fue menguando sin visos de detenerse.Comenzaron los recortes, esa palabra que tan de moda está actualmente pero que ni mucho menos es nueva, y la factorÃa terminó tomando el camino de la privatización sin ningún éxito. De hecho, al ser traspasada al propietario del astillero de Huelva, las cosas no mejoraron y cada vez eran más los trabajadores que eran despojados del oficio de toda su vida. Y es que la competencia de los paÃses asiáticos, capaces de levantar barcos a la velocidad de la luz y venderlos a un precio mucho menor, redujo notablemente la demanda. En cualquier caso, los trabajadores protestaron todo lo que pudieron y más durante estos años, denunciando que la administración les habÃa dejado de lado, pero el cierre de la planta ya es un hecho, puesto que los contratos de los últimos 58 empleados de Astilleros de Sevilla expiraron el pasado sábado 30 de diciembre en cumplimiento del ERE. Asà pues, desgraciadamente, los hombres de los barcos han dicho adiós.
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Pero dicen que todo lo bueno se acaba y a partir de 1993 la actividad del astillero fue menguando sin visos de detenerse.