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La venia de la cordialidad

Los pequeños roces y desacuerdos que existen hoy día entre las hermandades de la Semana Santa de Sevilla son nimiedades en comparación con las disputas que mantenían en siglos pasados. Uno de los principales focos de discordia era el orden de entrada en la Carrera Oficial, pese a que las normas siempre fueron bastante claras a este respecto, estableciendo que las posiciones debían asignarse en función de la antigüedad de las corporaciones. Sin embargo, este criterio no tenía en cuenta los horarios de las cofradías ni las distancias que las separaban de la Catedral, de ahí que muy frecuentemente se originaran disputas entre las juntas de gobierno y los propios hermanos de una y otra corporación.

Afortunadamente, las asperezas se fueron limando con el paso de los años, bien por la mediación del Consejo de Hermandades y Cofradías, por acuerdos amistosos o simplemente por el triunfo del sentido común. Con todo, el caso que protagonizaron las hermandades del Gran Poder y la Macarena fue especialmente llamativo, ya que de las desavenencias surgió una firme alianza que ha llegado a nuestros días. Pero vayamos por partes.

A mediados del siglo XVIII, las relaciones entre ambas hermandades no era precisamente buenas. Tampoco malas, pero sí había cierto pique por el hecho de ser las dos más ‘grandes’ en lo que a número de devotos se refiere, y por el ya mencionado orden de paso. Todo lo que hacían se miraba con lupa, pero llegados a un punto, quisieron dar ejemplo de cordialidad. Fue así como en 1776 la hermandad de San Gil dejó que la de San Lorenzo entrara antes en la Carrera Oficial, poniendo una única condición con vistas al futuro: que todos los años una representación del Gran Poder acudiera a la Basílica para pedir el permiso correspondiente (la famosa venia).

Con el tiempo, dicho gesto se hizo muy popular y los lazos de amistad se estrecharon, si bien en 1902 volvieron los problemas. Todo se originó porque la hermandad de la Macarena solicitó cambiar un tramo de su recorrido y se encontró con la firme oposición del hermano mayor del Gran Poder. Así las cosas, la corporación de San Gil decidió romper el pacto que les unía y reclamó su sitio original en la Carrera Oficial. La tensión creció de manera tan rápida e inesperada que el Arzobispo de Sevilla (a la sazón Marcelo Espínola) instó a ambas hermandades a llegar a una entente. Afortunadamente, no hubo que esperar mucho para que la paz fuese sellada por escrito el 24 de marzo de 1903, y desde entonces no sólo se ha respetado, sino que también se ha exaltado. Buena prueba de ello es que todos los años un grupo de nazarenos del Gran Poder acude a la Basílica de La Macarena a pedir la venia, al tiempo que una representación de la Centuria Romana Macarena se traslada a San Lorenzo para rendir pleitesía al Gran Poder. “Abrid las puertas del cielo para rendirme a los pies de este Jesús Nazareno”, exclama siempre el capitán de los ‘armaos’ tras golpear el portalón del templo. 

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