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Las tortas de Castilleja de la Cuesta

En España sólo hay cuatro productos que cuentan con el sello ETG (Especialidad Tradicional Garantizada): la leche certificada de granja, los panellets, el jamón serrano y las tortas de aceite de Castilleja de la Cuesta. Esta prestigiosa distinción sólo es otorgada por la Unión Europea a aquellos alimentos artesanales y saludables que cumplen unos requisitos de calidad superiores a la media y poseen rasgos que le diferencian de todos los de su categoría.

La historia de Castilleja de la Cuesta, localidad situada a tan sólo 5 kilómetros de Sevilla capital,  está estrechamente ligada a la de sus tortas de aceite. No en vano, se tiene constancia de que ya se elaboraban en el pueblo a finales del siglo XIX, aunque el despegue definitivo se produjo en el primer tercio del siglo XX. Dos mujeres, Inés Rosales y Concepción Cansino, fueron pioneras en el arte de elaborar y comercializar (cada una por su lado) las tortas de aceite y polvorón. Obviamente, empezaron desde abajo, transportando sus productos caseros en canastos y vendiéndolos de casa en casa, primero en Castilleja de la Cuesta, y posteriormente en la capital hispalense, pero pronto la demanda se disparó y tuvieron que instalar hornos en sus domicilios para satisfacer a una clientela cada vez mayor.

 

Como no podía ser de otro modo, llegó un momento en el que tuvieron que abrir sus propias fábricas y empezar a producir al por mayor. Aun así, la demanda era tan grande… que otros reposteros y empresarios del municipio, como Andrés Gaviño, los hermanos Prieto, Pepe Rosales, Antonio Luque o Ruperto de los Reyes, se subieron al carro y abrieron sus propias fábricas, haciéndose cada uno de ellos con una parte del mercado durante un tiempo. Se estima que casi la mitad de la población activa de Castilleja de la Cuesta trabajaba en el sector de las tortas de aceite en los años 50 y 60.

Naturalmente, la competencia se intensificó con el paso de los años y sólo las empresas más fuertes sobrevivieron. En el caso de Inés Rosales, no sólo logró mantener su cuota, sino que experimentó un crecimiento brutal, dando el salto al mercado extranjero y consiguiendo una posición hegemónica. Hoy día comercializa sus famosas tortas de aceite en más de 30 países y, aunque sigue llevando el nombre de Castilleja de la Cuesta por bandera, desde hace más de una década elabora sus productos en su fábrica de Huévar del Aljarafe. 

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