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La playa de María Trifulca

Sevilla tuvo una playa. No como las que prometieron algunos políticos a principios de los noventa, ni como las que anhelamos en las calurosas tardes de verano, pero la tuvo. Fue bautizada con el peculiar nombre de ‘María Trifulca’ y estaba situada justo debajo del Puente del V Centenario, naturalmente, cuando éste aún no había sido construido. Funcionó desde finales de los años veinte hasta principios de los sesenta, y tenía dos orillas -una en cada margen del Guadalquivir- con públicos diferentes. La zona más próxima a Heliópolis solía reunir a familias y chavales, mientras que en el lado opuesto se congregaban personas más adultas y ‘avispadas’, por llamarlas de alguna forma.

Y es que la prostitución, en todas sus vertientes, campaba a sus anchas en ventorrillos cercanos, de ahí que la playa adquiriera muy mala fama con el paso del tiempo. Más aún cuando a los escándalos sexuales se unieron las tragedias humanas en forma de ahogamientos. De hecho, rara era la semana estival en la que alguien no perdía la vida o sufría un accidente por las particularidades de la playa, que nada tenía que ver con las de la costa. Debido a la irregularidad de su superficie, los bañistas se encontraban inesperadamente con profundas hondonadas en los que sucumbían sus pies, o salientes con los chocaban sus brazos y piernas. Así las cosas, cruzar el río a nado dejó de ser un reto para convertirse en una temeridad.   

Pero no todo era malo. La calidad del agua, dentro de lo que podía esperarse de una zona ribereña, era más que aceptable y lo suficientemente fresca para combatir las altas temperaturas. Además, había arena, eucaliptos que daban sombra y buen olor cuando corría viento, y puestos en los que se vendía de todo: refrescos, sardinas, dulces, helados...

¿Y de dónde vino el nombre de ‘María Trifulca’? De una mujer mayor que regentaba una venta en las proximidades de la playa. Su nombre de pila era María, y el ‘apellido’ de ‘Trifulca’ lo acuñó por su carácter agrio y propenso a las discusiones, algo que le hizo muy popular y no le impidió tener una clientela fiel. 

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