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El viaje de Gulliver a Sevilla

‘Los viajes de Guilliver’ es uno de esos libros que todo el mundo conoce aunque no lo haya leído. No en vano, su éxito ha traspasado las páginas y ha sido trasladado al cine, al teatro y a la propia cultura popular. Aunque muchos lo consideran una obra infantil, el verdadero objetivo de Jonathan Swift (su autor) fue escribir una sátira de la condición humana disfrazada de libro de viajes. Así, eligió como personaje principal al controvertido Gulliver,  que pasó de ser cirujano a capitán de barcos, y fue llevado a países pintorescos durante el transcurso de la historia.

En cada uno de ellos se sintió diferente: como un gigante entre enanos, como un enano entre gigantes, como un ignorante entre sabios, etcétera. A Sevilla no llegó en el libro, pero sí en la realidad, ya que el 11 de junio de 1992, con motivo de la celebración de la Exposición Universal, su enorme muñeco se dejó por la capital hispalense. Medía 22 metros de alto, calzaba un 96 de pie y arribó a La Cartuja tras una travesía de más de dos horas por la dársena del Guadalquivir, la cual dejó estampas espectaculares como la que acompaña a este post.

Gracias al material que había sido empleado para su fabricación (fibra de vidrio), Gulliver podía navegar como si de un barco se tratara. Permaneció en el pabellón de Irlanda durante una semana, haciendo las delicias de todos los visitantes, ya fuesen niños, adultos o mayores, antes de volver sobre sus pasos y regresar a Irlanda. Otra reproducción suya, en este caso hinchable y de ‘sólo’ 10 metros, llegó por tierra a la exposición, estuvo más tiempo e incluso protagonizó un desfile por las calles, aunque no causó tanto furor como su ‘hermano’ mayor.  

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