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El Virgen del Rocío saca buena nota

La labor de los hospitales es tan necesaria como desagradecida. En cierto modo, son como los árbitros de fútbol, ya que, salvo en honrosas excepciones, sólo se habla de ellos cuando hay errores por medio. O cuando existe la mera sospecha de que pudieron hacer algo más por nosotros. Es el precio de lidiar día a día con la ley de la vida.

Reflexiones al margen, en Sevilla contamos con uno de los mejores hospitales de España. Imperfecto, como todos los que ha habido, hay y habrá hasta que se descubra el elixir de la inmortalidad, pero igualmente notable. No lo decimos nosotros, sino el Índice de Excelencia Hospitalaria (IEH), que le sitúa en la séptima posición por detrás de la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), Universitario de La Paz (Madrid), Quirón (Madrid), Clínic (Barcelona), Gregorio Marañón (Madrid) y Quirón (Barcelona). El estudio prioriza la calidad de los servicios por encima de la cantidad, tiene en cuenta tanto la opinión de los profesionales como la de los pacientes, y mide los resultados objetivos.

Si echamos la vista atrás, cabe recordar que el Hospital Virgen del Rocío tiene su origen en el Hospital General, que se construyó entre 1950 y 1954 en el barrio de Bami, que tiene la misma antigüedad. Rápidamente se convirtió en el mayor complejo hospitalario de Andalucía y hoy por hoy cuenta con una plantilla de más de 8.000 profesionales que atiende a un público potencial de 800.000 habitantes, si bien para algunas patologías también es el centro de referencia para toda Andalucía, Extremadura, Ceuta y Melilla. Entre sus especialidades, destacan sobremanera el trasplante renal, la ortopedia infantil, la osteotomía pélvica, los reimplantes, los quemados críticos, etcétera. 

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