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Las llaves de la Casa de las Dueñas

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Muchos han oído hablar de él y muy pocos han podido visitarlo. Hablamos del palacio de Las Dueñas, propiedad de la Casa de Alba y uno de los inmuebles más valiosos de Sevilla. Se construyó entre los siglos XV y XVI por orden de la familia Pineda, la cual se vio obligada a venderlo antes de lo deseado. Y es que uno de sus miembros fue secuestrado por los musulmanes y, para pagar el rescate, no les quedó más remedio que deshacerse de su residencia más preciada. Así pasó a manos de Catalina de Ribera en 1484, condesa de Los Molares, estirpe que regentaría el lugar hasta que fue traspasado a la Casa de Alba a mediados del siglo XVII.

Los primeros pasos del Antiquarium

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No se puede decir que el Antiquarium haya empezado con buen pie. Tras haber sido inaugurado el 27 de marzo de 2011, el desplome de una puerta de cristal en enero de 2015, es decir, sólo cuatro años después, provocó su cierre inmediato. El accidente pudo acabar en tragedia, ya que la puerta, de más de 200 kilos de peso, cayó sobre tres ancianas que quedaron atrapadas durante unos minutos que se hicieron eternos. Afortunadamente, las heridas no revistieron gravedad y lograron recuperarse con el paso de los días.

La necrópolis de Carmona

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Cuando se iniciaron unas obras en un camino de Carmona allá por el año 1868, nada hacía presagiar que los trabajadores se toparían con una necrópolis romana. Es más, durante un tiempo, el hallazgo pasó desapercibido para las instituciones, de ahí que anticuarios y coleccionistas saquearan el lugar sin ningún control. Afortunadamente, en 1881 se puso freno al expolio gracias a la intervención del historiador Juan Fernández López y al arqueólogo inglés George Edward Bonsor, conocido en nuestro país como Jorge Bonsor. Ambos certificaron el hallazgo de una necrópolis de la época del emperador Claudio y, con el respaldo económico de Luis Reyes, compraron los terrenos e iniciaron unas excavaciones científicas. Así se gestó la Sociedad Arqueológica de Carmona, que en 1887 ya abrió el primer museo de sitio de España.

Los estertores de la Inquisición

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La Inquisición Española fue una institución creada por los Reyes Católicos en 1481 para perseguir, juzgar y castigar a los herejes. Estuvo operativa hasta 1834, es decir, durante tres siglos y medio, y en Sevilla hay una cruz que conmemora el último acto de fe que se realizó en el Monasterio de San Francisco. Se encuentra en la plaza que lleva su nombre, concretamente, en el rincón que une el Arquillo del Ayuntamiento con la puerta de entrada a la Sala Capitular. Allí, al aire libre, en una posición esquinada pero igualmente visible, pasa desapercibida para casi todos los viandantes.

La baranda de la calle Betis

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El tema de la baranda de la calle Betis es realmente espinoso. Por un lado, todos queremos pasear por lugares seguros, sobre todo, después de haber sido testigos indirectos del trágico accidente de Sylwia Rajchel, una joven polaca de 23 años que perdió el equilibrio al intentar hacerse un ‘selfie’ y cayó trágicamente al río, donde murió ahogada. Y por otro, todos queremos pasear por lugares bonitos y contemplar las mejoras vistas sin tener que hacer más esfuerzos de los estrictamente necesarios. Desafortunadamente, ambas cosas parecen estar reñidas en el asunto que estamos tratando.

Los Galindos: ¿crimen perfecto o investigación imperfecta?
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Ocurrió hace 40 años y prescribió hace 20, pero el crimen de Los Galindos sigue estando en la memoria de muchos sevillanos. Y muy especialmente, en la de los paradeños, pues se cometió en su localidad (Paradas).

Todo sucedió en la calurosa tarde del 22 de julio de 1975. Unos braceros habían finalizado su trabajo y volvían a la finca de Los Galindos cuando vieron una columna de humo saliendo del cobertizo. Corrieron y se apresuraron a apagar las llamas, pero la sorpresa fue aún mayor cuando descubrieron un reguero de sangre en el patio. Inmediatamente llamaron a la Guardia Civil, que fue descubriendo cadáveres paulatinamente hasta llegar a la cifra de cinco. El primero, el de Juana Martín, esposa del encargado del cortijo, que había sido golpeada brutalmente en la cara. Los siguientes fueron los de José González, tractorista del cortijo, y su mujer Asunción Peralta (embarazada de seis meses), que aparecieron calcinados. La tragedia aumentó con el hallazgo de Ramón Parrilla, otro tractorista que perdió la vida como consecuencia de varios disparos de escopeta por la espalda.

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