A finales del siglo XVII, vivía en Triana un gitano al que apodaban ‘Cachorro’. Cada día cruzaba el puente de barcas y se dirigía hacia la ciudad para visitar a una mujer. Un payo que lo veía a menudo por las inmediaciones de su casa empezó a sospechar que mantenía un romance con su esposa y sus celos fueron en aumento hasta que su mente explotó. Le esperó cerca de una venta donde el presunto amante solía parar y, sin mediar palabra, le asestó nada más y nada menos que siete puñaladas que le hirieron de muerte. Con el tiempo, las investigaciones policiales demostraron que el gitano efectivamente se veía en secreto con una señora, pero no era una querida, sino su hermana bastarda, a la que no quería desacreditar en público.

El CachorroMás allá del propio crimen, lo verdaderamente significativo de esta historia que entremezcla la leyenda con la realidad es que un joven escultor presenció la escena. Hablamos del utrerano Francisco Antonio Ruiz Gijón, que quedó tan impresionado con la agonía del gitano en sus últimos momentos de vida, que decidió inspirarse en él para tallar el Cristo de la Expiración. Esta imagen fue un encargo de una corporación que acababa de fundarse en las afueras de Triana y que compartía sede con la Virgen del Patrocinio, de más antigüedad. En cualquier caso, poco después, en 1689, ambas hermandades se fusionaron en una sola y establecieron el Viernes Santo como día de salida penitencial.

Desde que llegó a la capilla, el ‘Cachorro’ despertó entre los habitantes de la zona una devoción desmedida y los entendidos en la materia se encargaron de difundir lo extraordinario de sus facciones al otro lado del Guadalquivir. Su rostro representa el momento exacto en el que confluyen la vida y la muerte, cuando los ojos se resisten a cerrarse por última vez. En su caso, mira hacia el cielo, con la cabeza aún erguida y la boca entreabierta y sedienta, mientras la sangre recorre su torso desnudo. A lo largo de los años ha sido restaurado varias veces por distintos imagineros, pero el Cristo de la Expiración no ha perdido un ápice de realismo y desde su cruz nos muestra el camino hacia el otro mundo todos los días del año.

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