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Escrito por David Díaz Oliver
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Lunes, 20 de Febrero de 2012 00:00 |
¿Se imaginan un espacio de más de 300.000 metros cuadrados destinados exclusivamente a empresas de comunicación, radio, televisión e internet en Sevilla? Pues bien, aunque todavía sólo es un proyecto, ya cuenta con la aprobación oficial del Ayuntamiento y si nada se tuerce, será una realidad a partir de 2014. La idea, promovida por el equipo Monteseirín y retomada por el de Zoido, consiste en aglutinar en la capital a todo el sector, que hasta el momento ha estado desperdigado en las afueras, y crear una sede unificada que no tardaría mucho en convertirse en un referente regional y nacional.
El proyecto, que ha sido bautizado con el nombre de ‘Ciudad de la Imagen’, estará ubicado en el Higuerón Sur, es decir, en la zona colindante con Pino Montano y el área norte del Torneo Parque Empresarial. Las obras tendrán un presupuesto de más de 15 millones de euros, comenzarán este mismo verano y debido al impacto que tendrán una vez finalizadas, será necesario también realizar un desdoble en la carretera Sevilla-Brenes para mejorar los accesos y la circulación. Asimismo, los responsables ya han anunciado que, en aras de  complementar el entorno, se han reservado distintas parcelas para parques, complejos deportivos, equipamiento cultural y zonas lucrativas, comerciales y de almacenaje.
En cualquier caso, lo más significativo de esta noticia es que la Ciudad de la Imagen creará actividad económica en Sevilla antes, durante y después de su puesta en funcionamiento. De hecho, se estima que generará 750 puestos de trabajo mientras se lleven a cabo las tareas de construcción y una cifra similar cuando concluyan. Por tanto, será un balón de oxígeno para periodistas, publicistas, productores, comunicólogos, técnicos audiovisuales y otros profesionales que podrían tener cabida en este nuevo perímetro que, sin duda alguna, favorecerá el crecimiento de la ciudad en términos financieros.
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Escrito por David Díaz Oliver
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Viernes, 17 de Febrero de 2012 00:00 |
El Castillo de San Jorge, situado en la Plaza del Altozano, fue sede de la Santa Inquisición en España desde 1481 hasta 1785. Por tanto, hablamos de un lugar en el que se juzgaba a los presuntos herejes, es decir, a los que supuestamente practicaban una religión distinta al catolicismo o la brujería. A diferencia de otros países europeos como Alemania o Inglaterra, en España sí solía haber un proceso legal documentado, aunque eso no excluía ni las torturas ni las condenas sin pruebas fehacientes, ya que todo estaba orquestado por el Estado. Y en aquellos tiempos, si había un denominador entre los gobiernos que se sucedían, era que todos tenían un sesgo totalitario.
Los orígenes del edificio son inciertos y se habla de que pudo ser levantado inicialmente por los visigodos o los almohades. En cualquier caso, en el siglo XIII pasó a manos cristianas, y el rey Fernando III se lo cedió a la Orden Militar de San Jorge (de ahí su nombre). Más adelante también se convirtió en la primera parroquia de lo que hoy conocemos como Triana. Sin embargo, su uso fue menguando progresivamente y no cobró relevancia hasta que la Santa Inquisición se apropió de él. Sus 26  celdas, la casa del inquisidor y la capilla formaron parte de una de las etapas más lúgubres de Sevilla, caracterizada por el juicio de valor, el abuso de poder y la indefensión de las víctimas. No obstante, se suele decir que se aprende más de los errores que de los aciertos y la frase está impregnada de razón.
Quizás por ello, hoy el Castillo de San Jorge es un imprescindible Museo que explica cómo se hacían los enjuiciamientos en nuestra ciudad, y sus 1.400 metros cuadrados, distribuidos en dos plantas y múltiples salas, algunas de ellas didácticas con proyecciones audiovisuales, invitan inexorablemente a la reflexión personal. No cabe duda de que recordar las penas de cárcel, galeras, azotes, destierro, hábito penitencial y muerte, casi siempre en la hoguera, no es algo placentero, pero sí necesario para tomar nota y conciencia de lo que nuestra especie hizo mal. Al fin al cabo, la historia es como es y no se puede cambiar, y siempre es mejor conocerla que desconocerla, por muy tétrica que sea.
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Escrito por David Díaz Oliver
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Miércoles, 15 de Febrero de 2012 00:00 |
Cuando se dice que Sevilla “tiene mucho arte”, la frase no sólo hace referencia a la simpatía de su gente, sino también al hecho de que esta ciudad ha sido cuna de grandes artistas y parada obligatoria para los genios que no nacieron aquí. Así pues, no es de extrañar que en la capital hispalense coexistan tantos teatros de calidad: Central, Quintero, La Cuadra, Lope de Vega, La Fundición, Alameda, Maestranza, etc. Hoy hablaremos de éste último, ya que está considerado uno de los mejores teatros vanguardistas de España. Su construcción partió de un concurso convocado 1986 por la Diputación de Sevilla, que era la propietaria del solar, con la idea de crear un centro cultural polivalente que fuese capaz de albergar Eventos de diversa índole.
El proyecto ganador, el de Aurelio del Pozo y Luis Marín, tuvo bastante consideración con el pasado de la zona y permitió conservar la fachada del antiguo edificio del Cuartel de la Real Maestranza de Artillería que se ubicaba allí mismo, y esa es la explicación de por qué el teatro adoptó ese nombre. Las obras, que tuvieron un presupuesto de 1.600 millones de las antiguas pesetas, se prolongaron durante varios años y dieron como resultado un hermoso edificio cilíndrico con capacidad para 1.800  espectadores. El 2 de mayo de 1991 fue inaugurado por la Reina Sofía y sólo unos días después se celebró el primer espectáculo: un espectacular concierto de ópera que reunió nada más y nada menos que a Jaime Aragall, Teresa Berganza, Montserrat Caballé, José Carreras, Plácido Domingo, Alfredo Kraus, Pedro Lavirgen, Pilar Lorengar y Juan Pons. O lo que es lo mismo, la crème de la crème.
Gracia a su acústica regulable, el recinto puede acoger representaciones teatrales, de flamenco, ballet, zarzuelas, ópera, música clásica… En resumen, todo lo que nuestros sentidos más refinados pueden imaginar y soñar. Y todo ello, sin olvidar que es sede de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Hay que decir también que el Teatro de la Maestranza le debe mucho a su privilegiada ubicación. Y es que, habiendo sido levantado en un barrio tan carismático como El Arenal y teniendo ‘vecinos’ tan prestigiosos como la Plaza de Toros, la Catedral, el Real Alcázar, la Torre del Oro y el río Guadalquivir, el éxito estaba prácticamente garantizado.
Visitar Virtualmente los teatros:
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Escrito por David Díaz Oliver
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Domingo, 12 de Febrero de 2012 15:07 |
Han pasado casi 20 años desde la Exposición Universal de Sevilla, pero hay recuerdos que no se esfuman con el paso del tiempo. Es más, algunos se hacen incluso más poderosos y sólidos conforme parecen más lejanos, y uno de ellos es el de la imagen de Curro. Aquel pájaro con patas de elefante, cresta multicolor y prolongado pico con las mismas tonalidades que hacían referencia a cada uno de los cinco continentes, caló muy hondo entre los sevillanos. Sí, era un ser inanimado, un boceto plasmado en millones de papeles, carteles y souvenirs, pero se hizo tan popular dentro y fuera de la ciudad, que llegó a cobrar vida propia.
Curro fue creado por el checo Heinz Edelmann, que fue el ganador del concurso de mascotas que se realizó en 1989, quedando por delante de otros 23 diseños, entre ellos, los de los reputados dibujantes españoles Antonio Mingote y Miguel Calatayud. Su elección no estuvo exenta de polémica, sobre todo, por el nombre que escogió la organización, ya que según Mingote, ése era el que había propuesto él para su figura, que era un angelito con gafas y gorra. Hubo gente que creyó que los extranjeros tendrían problemas para pronunciar el nombre de ‘Curro’ y por eso se barajaron también los de Cristóbal y Pepe, pero finalmente la  simplicidad y la simpatía del diminutivo de Francisco terminaron triunfando.
Los niños, los adultos y los mayores adoraban a Curro, así que desde estas líneas me veo obligado a hacer unas cuantas preguntas. ¿Se ha valorado lo suficiente lo que hizo Curro, sobre todo en términos promocionales? ¿Merece un reconocimiento en forma de calle, estatua o algo por el estilo? ¿Tendría sentido recuperar su imagen para impulsar algo de optimismo en estos momentos de crisis, o es mejor que quede asociada para siempre a aquel acontecimiento? Las respuestas, como su cresta y su pico, serán de todos los colores.
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Sevilla
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Escrito por David Díaz Oliver
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Sábado, 11 de Febrero de 2012 00:00 |
Ahora que el frío aprieta y nos obliga a echar mano de bufandas, gorros, guantes y todo tipo de calefactores para combatirlo, puede que sea un buen momento para recordar las nevadas que se han producido en Sevilla a lo largo de la historia. Han sido tan pocas como sonadas, ya que este fenómeno climatológico ha hecho acto de presencia en la ciudad en contadas ocasiones. La primera que está documentada fue la del 6 de enero 1505, una fecha señalada en la que se alcanzó los veinte centímetros de espesor. Como no podía ser de otra forma, los sevillanos de aquella época recibieron aquella lluvia blanca con júbilo y la interpretaron como una señal divina.
Fue necesario esperar más de un siglo para que el episodio se repitiera, aunque el 3 de enero de 1622 no hubo tantos motivos para la alegría, ya que el temporal de nieve bloqueó varias calles y algunas casas próximas a la Puerta de San Juan cedieron ante el peso del hielo y terminaron hundiéndose. En 1694 se produjo otra nevada y las crónicas la calificaron como “inusitada”. 1905 fue especial porque fue la única vez que se registraron dos nevadas en el mismo año (22 de febrero y 24 de marzo). Sin embargo, probablemente la que más se recuerda en estos tiempos es la del 2 de febrero de 1954, tanto por su intensidad como por las preciosas estampas que creó. Y, naturalmente, los objetivos de las cámaras no dejaron escapar la oportunidad de inmortalizarlas.
Así, tanto en el Archivo Municipal como en la red podemos encontrar imágenes bellísimas que muestran una Plaza de España teñida de blanco, los copos enredados entre las ramas de los árboles de la calle San Fernando, el Monumento al Cid cubierto de escarcha, niños haciendo muñecos de nieve, etc. Lamentablemente, el último precedente, el del 10 de enero de 2010, no permitió volver a contemplar algo semejante, puesto que la nieve sí cayó con fuerza en la provincia creando un manto nacarado de grandes proporciones, pero en la capital las precipitaciones fueron débiles, y si fueron perceptibles, fue más por las ansias de los sevillanos de volver a ver la nieve caer del cielo que por su densidad. Este año, pese al gélido frío que nos persigue sin dar una tregua, parece no nevará. Por tanto, habrá que esperar para reencontrarnos con la nieve, esa gran desconocida que viene y se va de Sevilla con la misma celeridad.
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Personajes Ilustres de Sevilla
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Escrito por David Díaz Oliver
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Miércoles, 08 de Febrero de 2012 00:00 |
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Trajano estaba en Colonia (Germania) cuando recibió la noticia de la muerte de Nerva pero, lejos de dejarlo todo y regresar apresuradamente a Roma para ponerse al mando, prefirió asegurar antes la línea defensiva. De esta manera, no hizo su entrada triunfal hasta casi dos años después. Sus primeras decisiones fueron mejorar la red de carreteras, liberar a muchos de los ‘presos políticos’ y devolver a los campesinos las tierras que habían sido expropiadas por Domiciano. Por el contrario, con los cristianos se mostró intransigente y no permitió que practicaran su religión públicamente, aunque tampoco llevó a cabo una persecución al uso. En cualquier caso, si por algo ha pasado a la historia Trajano, no ha sido por su manera de gobernar a los civiles, sino por haber expandido el imperio romano más que ningún otro emperador.
Y es que Trajano era, ante todo, un general. Mejor dicho, un excelente general. En el año 101 invadió Dacia (lo que hoy es Rumanía), un territorio que históricamente había estado vedado para los romanos, y cinco años después ya lo dominaba por completo. A renglón seguido, se dirigió hacia Oriente, anexionó Siria, Damaco, Palmira y Bostra y se enfrentó a los partos, a los que terminó derrotando. Llegados a este punto, se dio cuenta de que había cometido una imprudencia similar a Alejandro Magno:  su imperio era demasiado grande para ser gobernado con eficacia. Resultaba prácticamente imposible tener a los ejércitos en permanente movimiento y al mismo tiempo, atentos a las rebeliones de los bárbaros.
En un clima de máxima incertidumbre, Trajano cayó enfermo volviendo de una campaña militar y murió sin dejar descendencia. No obstante, antes de exhalar su último aliento, se encargó de dejar bien atada su sucesión y nombró a su sobrino Adriano, también sevillano de nacimiento, como heredero. De él ya hablaremos en otro momento, pero para cerrar este artículo sobre Trajano, el primer emperador romano no nacido en Roma, sino en Itálica (Santiponce), hay que destacar que en Sevilla hay una calle y un monumento en su honor. La vía está en pleno centro de la ciudad y la estatua, en la orilla de Triana del río, entre el Puente de Triana y el del Cachorro.
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Personajes Ilustres de Sevilla
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Escrito por David Díaz Oliver
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Lunes, 06 de Febrero de 2012 00:00 |
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Quien más y quien menos se hace una idea de la magnitud que tuvo el imperio romano, ya sea por lo que le enseñaron en la escuela, por lo que ha leído en los libros o por las películas que ha visto en televisión. Pues bien, la primera persona no nacida en Roma que llegó a la cúspide de semejante territorio fue… un sevillano. Tal como lo oyen. Trajano vio la luz por primera vez el 18 de septiembre del año 53 en Itálica, lo que hoy conocemos por Santiponce, a escasos kilómetros de Híspalis. Allí fue criado por su madre, ya que su padre era un reputado senador y general que pasaba más tiempo en los conflictos bélicos que en su propio hogar. Pese a ello, Trajano quiso ser como él y muy pronto se instruyó en el arte de la guerra para seguir sus pasos.
Y no sólo lo consiguió, sino que llegó más alto que su progenitor. Siendo muy joven participó en las campañas de Hispania, Siria y Germania, durante los reinados de los emperadores Tito y Domiciano, demostrando primero sus habilidades en el campo de batalla, y posteriormente, sus dotes de estratega. De forma casi paralela, se adiestró también en la diplomacia, superando las clásicas etapas del cursus honorum: cuestor, pretor y legado. No es de extrañar por tanto que a los 38 años fuese nombrado cónsul, y poco después, gobernador de Germania. Su meteórica  ascensión le hizo muy popular en todos los estamentos militares y el eco de sus éxitos llegó hasta el mismísimo senado de Roma.
En el año 96, el emperador Domiciano fue asesinado y le sustituyó en el cargo Nerva. Debido a su avanzada edad y a su carácter quisquilloso, Nerva no era muy querido entre las tropas. De hecho, sufrió revueltas pretorianas nada más alzarse con el poder y para contrarrestarlas, tuvo el ingenio de reclutar como mano derecha al admirado Trajano, llegando a afirmar públicamente que sería su heredero y sucesor. Con el general más brillante del momento a su lado, Nerva encontró la tranquilidad, aunque por poco tiempo, ya que murió inesperadamente tan sólo un año después. Llegados a ese punto, sólo un hombre estaba legitimado para tomar el relevo: Marco Ulpio Trajano.
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Sevilla
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Escrito por David Díaz Oliver
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Viernes, 03 de Febrero de 2012 00:00 |
Hace más de 2.000 años, el agua llegaba a Sevilla desde Alcalá de Guadaira gracias a un conducto de 17,5 kilómetros de longitud que alternaba tramos subterráneos con otros por encima de la superficie. Sus 400 arcos de ladrillo dan fe de la magnitud de una obra que fue realizada por los romanos en la época en la que Julio César era el cuestor (recaudador de impuestos) de Híspalis. No obstante, fueron tan profundas las remodelaciones que hicieron posteriormente los musulmanes, que existe cierta polémica acerca de si los árabes reconstruyeron por completo el acueducto o arreglaron el que ya existía.
Tenía su punto de origen en el manantial de Santa Lucía y terminaba en la mismísima muralla de la ciudad, justo en la Puerta de Carmona, donde existía un enorme depósito desde el que se distribuía el agua a los emplazamientos públicos y a la aristocracia. Curiosamente, cabe destacar que, a la altura de lo que hoy conocemos como Torreblanca, la canalización se elevaba sobre los arcos y por eso hoy el barrio se llama oficialmente Torreblanca de los Caños. Aunque nos resulte muy lejano en el tiempo, lo cierto es que el acueducto funcionó a pleno rendimiento hasta bien entrado el siglo XIX y testimonios objetivos como el del alemán Jerónimo Münzer, que  visitó Sevilla en 1495, nos sirven para comprender su relevancia: “ Hay en Sevilla mucha agua potable y un acueducto de trescientos noventa arcos, algunos duplicados por un cuerpo superior, para vencer el desnivel del terreno, va por este artificio gran cantidad de agua y presta muy buen servicio para el riego de Jardines, limpieza de calles y viviendas”.
El acueducto fue demolido en 1912 para ensanchar la calle Oriente y levantar el Puente de la Calzada. Los tres vestigios que han sobrevivido a nuestros días son muy valiosos desde el punto de vista histórico y se les conocen como ‘Los Caños de Carmona’. El primero está ubicado en el actual barrio de Los Pajaritos; el segundo se encuentra casi al comienzo de la avenida Luis Montoto y necesitó ser apuntalado para evitar su desplome; y el tercero, que fue el último en descubrirse, estuvo enterrado durante años bajo el puente que permitía a los trenes que venían desde Madrid dirigirse hacia Cádiz. Una de las cosas buenas que ha aprendido el ser humano a lo largo de su evolución es la de conservar su legado, y por eso, hoy día tenemos la certeza de que lo que queda del acueducto de Sevilla se protegerá con uñas y dientes para que no desparezca nunca de la faz de la tierra.
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