Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

CostillaresPor los años de 1770, el gran Costillares era la primera figura indiscutible del toreo, ídolo de las multitudes, a quien admiraban los hombres y  de quien se enamoraban las mujeres. Costilleres vino a torear a la Real Maestranza de Sevilla, y en uno de los momentos en que se acercó a la barrera durante la lidia, una dama que estaba en primera fila de barrera le echó su abanico, pidiéndole que al terminar la lidia se lo firmara. Costillares, en vez de dejar el abanico en manos de su mozo de espadas mientras el terminaba la faena´, sonrió a la dama, requirió la espada, y sin muleta, se dirigió al toro. Un grito de sorpresa recorrió los tendidos. Costillares, con la espada en la mano izquierda, abrió en abanico que empuñaba en la diestra, y citó al toro que acudió al engaño. Con el banico de la dama a modo de muleta realizó toda la faena y remató citando a matar, enterrando la espada hasta la bola.

 

 

El toro cayó fulminado y en tonces Costillares se dirigió a la barrera, pidió a su mozo de espadas algo sobre donde poder escribir, y usando la tabla de la barrera como mesa escribió en el abanico estas palabras: " Yo no firmo abanico sin historia", lo firmó y lo devolvió a la dama.

 

Fuente: "Tradiciones y Leyendas Sevillanas", José Mª de Mena

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto