Curiosidades y anécdotas

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CostillaresPor los años de 1770, el gran Costillares era la primera figura indiscutible del toreo, ídolo de las multitudes, a quien admiraban los hombres y  de quien se enamoraban las mujeres. Costilleres vino a torear a la Real Maestranza de Sevilla, y en uno de los momentos en que se acercó a la barrera durante la lidia, una dama que estaba en primera fila de barrera le echó su abanico, pidiéndole que al terminar la lidia se lo firmara. Costillares, en vez de dejar el abanico en manos de su mozo de espadas mientras el terminaba la faena´, sonrió a la dama, requirió la espada, y sin muleta, se dirigió al toro. Un grito de sorpresa recorrió los tendidos. Costillares, con la espada en la mano izquierda, abrió en abanico que empuñaba en la diestra, y citó al toro que acudió al engaño. Con el banico de la dama a modo de muleta realizó toda la faena y remató citando a matar, enterrando la espada hasta la bola.

 

Ratio: 5 / 5

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Pagés del CorroAl terminar la guerra  entre Inglaterra y Francia, que se libró en España y a la cuál llamamos " Guerra de la Independencia", al avanzar los ingleses y tropas españolas por Triana, expulsando a los franceses y a las tropas españolas afrancesadas hacia Alcalá de Guadaira, se produjo un encuentro en un terreno comprendido entre el hospital de la Cruz Roja de Triana y la Cava, hoy llamada Pagés del Corro, en unas huertas que en aquel entonces se llamaban " El Matillo alto". En uno de auquellos callejones de las huertas quedó muerto un oficial francés. Pasado un tiempo, ya terminada la guerra, se comenzó a edificar aquella zona fomándose una calle. Los primeros vecinos observaban que a determinadas horas salía un hombre, recorría la calle y volvía a entrar en la casa de dónde saliera. Pronto los vecinos empezaron a manifestar su temor deduciendo que por las noches salía el espíritu de aquel oficial francés que murió en el último combate. Los vecinos acudieron al convento de San Jacinto para pedir a los frailes que hicieran algo para que aquella ánima en pena abandonase el lugar. Pero los exorcismos, procesiones, etc, no sirvieron de nada pués los vecinos seguían encontrándo al "fantasma" muchas noches. Por este motivo aquella calle nueva recibió el nombre de Calle del Duende.

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Señor de La OLa Hermandad de La O tiene como titular a Nuestro Padre Jesús Nazareno, representado durante su camino hacia el Calvario, cargado con la Cruz al hombro. La Cruz llama la atención por estar revestida de carey, concha de tortuga que se traía de las Indias y que era de gran precio. En cierta ocasión la hermandad quiso mejorar la cruz que llevaba en un principio, para lo que labraron una en madera de cedro. Sin embargo, esta no gustó del todo, ya que se veía pobre al lado de la maravillosa escultura del Señor. Un día, en que se estaba celebrando la Misa de la Hermandad, llegaron a la puerta de la iglesia varios hombres, que por su indumentaría parecían marineros, y depositaron en el pórtico un gran envoltorio diciendo: " Éste es el pago de una promesa que habíamos hecho al salvarnos el Señor de un neufragio en los mares del Sur". El envoltorio contenía riquísimas piezas de concha de carey e inmediatamente la hermandad acordó que sirvieran para revestir la Cruz del Señor Nazareno. Dicha tarea fué realizada por el artista Manuel José Domínguez, quien realizó la labor con gran maestría, poniendo en las aristas unas cantoneras de plata de gran mérito.

 

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Imagen del rey don PedroHabían prendido por la justicia a cierto bandido que tenía cometidos en Sevilla numerosos delitos, y tras juzgarle en la Casa Cuadra o Audiencia de la Plaza de San Francisco, le condenaron a morir ahorcado, así que le sacaron de la cárcel, que estaba en la calle Sierpes, esquina a la calle Bruna (donde hoy está el edificio del “Banco Hispano Americano”), y le conducían hacia Tablada donde estaba la horca pública. Al llegar el reo a la Puerta de Jerez, comenzó a dar grandísimos gritos diciendo:- No podéis ahorcarme, porque el rey me había perdonado. No podéis ahorcarme porque el rey me había perdonado.Ante semejante novedad, se detuvo la comitiva, y el juez acudió al Alcázar a dar parte a don Pedro I de lo que sucedía. El rey dijo que él ni conocía a aquel reo, ni le había jamás dado el perdón, y mandó que siguiese adelante el cumplimiento de la sentencia.Pero no bien había salido el juez de las habitaciones del rey, cuando este reflexionó, y mandó que le llamasen nuevamente antes de que saliera del Alcázar. Regresó el juez a su presencia, y el rey don Pedro dijo:- Aunque yo no había concedido el indulto, ni siquiera me lo habian pedido, es mejor que no se cumpla la sentencia, porque habiéndolo gritado en público, no quiero que pueda quedar en ánimo del pueblo de Sevilla, que yo le había indultado y que después he faltado a mi palabra Real.

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Virgen de los ReyesDice la leyenda que el Rey San Fernando soñó con la Virgen y que al día siguiente hizo llamar a los maestros imagineros de la corte para que tallaran una imagen igual a la que se le había aparecido en sus sueños. Los artífices llegaron labrar hasta cuatro imágenes de la Madre de Dios: la Virgen de los Reyes que hoy se venera en el Monasterio de San Clemente; la Virgen de las Aguas, que recibe culto en la Parroquia del Salvador y que el 30 de mayo de 2007 cerró la procesión dedicada al rey conquistador de Sevilla; la Virgen de los Reyes, titular de la hermandad de los Sastres, de San Ildefonso, y la actual Patrona de la Ciudad , Nuestra Señora de los Reyes, que recibe culto en la Capilla Real de la Santa Iglesia Catedral.

Cuando el Santo Monarca contempla todas las imágenes realizadas por los escultores del Reino, se fijó detenidamente en la efigie de la Virgen de los Reyes que está en la Catedral. El Rey se aproximó a la imagen, manifestando que veía en Ella a la Madre de Dios que había visto en sus sueños.Según todos los historiadores, el Rey Fernando III intervino muy directamente en la realización de esta escultura de la Virgen , aunque también se ha recogido en otros documentos que la efigie fue realizada en Alemania o Francia y donada al monarca por el Emperador Federico II o por el rey francés Luís IX.

 

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La ValienteMuchos recuerdan la Semana Santa de 1932, fecha desventurada en la que el ambiente envenenado no era nada propicio para la magna manifestación de las procesiones sevillanas. Pasó el Domingo de Ramos, sombrío y helado, bajo la amenaza vociferante de la exaltación atea.Pero llegó el Jueves Santo, y la Hermandad de la Estrella decidió salir a la calle. A su estación de penitencia acudió Sevilla entera, uniéndose en el testimonio viril de la Hermandad de temple y valor a raja tabla.Durante el camino no falta el atentado sacrílego. En las puertas mismas de la catedral un forajido, que no era sevillano, hizo a la sagrada imagen dos disparos de pistola, que, gracias a Dios, ní le rozaron. La fuerza pública hubo de proteger al desdichado.El regreso de la Cofradía hasta el templo trianero de San Jacinto fue una apoteosis de fervor. Miles de sevillanos acompañaron a los hermanos, desagraviando a la Virgen de la Estrella en una pletórica demostración de sentimiento religioso.La proclamación de la Republica en abril de 1931 puso inquietos a muchos. Tanto para los que pensaban que solo era un escalón en su camino a la Revolución, como para los que consideraban que era un salto bastante grande. Los incidentes no tardaron en surgir.Estos sucesos no incidieron en la Semana Santa de 1931., que transcurrió en paz e hicieron estación de penitencia cuarenta y cuatro cofradías. Pero, después del empeoramiento experimentado a lo largo de ese año, dieron motivos a los cofrades para coger miedo y el ambiente se enrareció.Y antes de concluir el año hubo contactos propiciados por las autoridades para garantizar la salida de las cofradías en la Semana Santa del venidero año.

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CucañaDurante la Velá de Santa Ana, fiesta popular que se celebra en el mes de julio en la orilla derecha del Guadalquivir, la orilla del Triana, los trianeros, ahora repartidos por los nuevos arrabales, vuelven a su antiguo barrio para mostrar su naturaleza nunca perdida , engalanando al río y ocupando su orilla con las casetas donde se asan sardinas, se comen avellanas verdes, se bebe vino o cerveza, se canta, se baila… En las tardes, cuando el calor de la ciudad parece que comienza a diluirse en su propio sofoco, las aguas del río son tomadas por decenas de jóvenes que se refrescan y comienzan a organizarse para participar en “La Cucaña”.La Cucaña es un antiguo juego-concurso que ha persistido hasta nuestros días y en la que participan los jóvenes trianeros demostrando sus habilidades sobre un poste encerado en cuyo final se  coloca una bandera que es necesaria coger para llevarse el premio.

Cucaña quiere decir  palo ensebado, es un juego consistente en escalar, trepar, marinear sólo con la ayuda de brazos y piernas por un poste vertical u horizontal de aproximadamente 5 metros, que suele estar alisado o embadurnado con alguna sustancia resbaladiza, hasta atrapar el premio, el poste se coloca horizontalmente sobre la proa de una barcaza en el río y los participantes deben caminar sobre el poste evitando caer al agua, hasta alcanzar el premio.

 

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Torre de Don FadriqueEl rey San Fernando había estado casado con la reina doña Beatriz de Suabia, de ilustre estirpe europea. Doña Beatriz dió al rey varios hijos, siendo el primero de ellos don Alfonso " el Sabio", quien después de la muerte de Don Fernando ocuparía el trono de Castilla y León con el nombre de D. Alfonso X el Sabio. El menor de los hijos fué el infante don Fadrique.
Cuando doña Beatriz murió, el rey, con casi 50 años de edad,  contrajo nuevo matrimonio con doña Juana de Pointiheu, con la finalidad de entablar relacines de amistad con Francia. la diferencia de edad entre el rey y doña Juana era demasiada pués ella tan solo tenía 17 años.
Pero poco después de contraer matrimonio el rey se puso en marcha para conquistar Córdoba y Sevilla. Las campañas le mantuvieron alejado de su esposa. El rey sólo se acercaba a ella por cumplir como caballero y cristiano y por oblñigación matrimonial, por lo que la joven tuvo varios hijos, más como deber que por placer.
Los reyes se vinieron a Sevilla y se instalaron en el Alcázar, pero el rey  por preocupaciones, por ejercitaciones piadosas y por una enfermedad que contrajo al pasar el Guadalquivir por Lora del Río, de la que nunca se repuso, se alejaba aún más de su esposa.
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Iglesia de San BuenaventuraEn el altar mayor de la iglesia de San Buenaventura puede verse una imagen de la Virgen a la que llaman la Sevillana, obra del escultor Juan de Mesa. El origen de su nombre es el siguiente:

Esta imagen se encontraba en la Casa Grande de San Francisco,  una noche fue desvalijada  de sus joyas por unos ladrones. Se le hicieron cultos y  el fraile que los predicaba exhortó al vecindario para dar donativos para poder reponer a la Virgen sus joyas. Pero en medio de la predicación se alzó una voz entre el público que dijo: " No es verdad, que la virgen es tan bonita y tan sevillana, que no precisa alhajas".

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Plaza de San FranciscoCuenta la leyenda, que en la calle Hernado Colón, cerca de la calle San Francisco, vivía en 1624 un sastre llamado Cosme, con su esposa, de nombre Manuela y que era más joven que él. El artesano, contrató a un joven ayudante, el cual, entró en relación ilícita con la mujer. El joven aprovechaba cualquier excusa, para subir a los aposentos y así tener encuentros íntimos con Manuela. Los encuentros se hicieron tan seguidos, que un día el marido los descubrió. Se enfureció tanto, que se lanzó a la calle gritando y culpando a los adúlteros. En aquella época las leyes eran diferentes y las penas eran más fuertes, por lo que se esperaba que esta historia acabase en desgracia. El marido enfadado se encaminó hacia el Santo Oficio, donde trasladó su queja, y donde impusieron que el castigo sería la muerte para los dos amantes .

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