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Originalmente, el mercado de la Encarnación fue concebido por las tropas napoleónicas, aunque no llegó a levantarse hasta el año 1820. Ya por aquel entonces tenía una extensión similar a la de ahora, sus puestos estaban organizados a través de un trazado cuadricular y en el centro había una fuente, la más antigua de Sevilla, que es la misma que se conserva en la Plaza de la Encarnación. Dada su magnífica ubicación, su éxito estaba garantizado y gozaba de una gran actividad. Sin embargo, en 1948 las autoridades decidieron derribar una parte del mercado para mejorar las comunicaciones viales y ese fue el comienzo de su decadencia.

 

Las obras repercutieron negativamente en el mercado y en 1973 se optó por la demolición total dado su estado ruinoso. De esta manera, los comerciantes se tuvieron que marchar a zonas próximas con la promesa de que sería algo “provisional” y todo quedó reducido a un vasto solar que no empezó a ser motivo de debate hasta la década de los noventa, momento en el que el Ayuntamiento aprobó recuperar el mercado de abastos y edificar un aparcamiento subterráneo. Mientras las excavaciones se topaban con importantes restos históricos de los periodos romano y andalusí, se puso en marcha un concurso público para dar forma al espacio y el ganador fue el
Mercado de la Encarnación
arquitecto alemán Jürgen Mayer. Su proyecto, el más caro de todos los presentados y conocido popularmente como ‘Las Setas’, recibió luz verde en 2004.

 

Su construcción no fue ni mucho menos un camino de rosas e incluso hubo un momento en el que los informes técnicos desaconsejaban continuar con el proyecto. Fue necesario modificar la estructura original, cambiar el metal de los parasoles por madera y por consiguiente, aumentar el presupuesto hasta los 86 millones de euros. Pero pese a las vicisitudes y a las críticas recibidas por su extravagante forma, ‘Las Setas’ fueron cobrando vida y hace justamente un año, aunque aún no estaban del todo terminadas, ya permitió que los comerciantes, tras 37 años de ‘exilio’ forzado, volvieran a la Encarnación para ocupar sus nuevas y modernas dependencias. Para ellos, la espera ha sido interminable, ya que se ha llevado por delante a muchos tenderos que no verán cumplidos sus sueños, aunque el resultado les ha dejado satisfechos. No en vano, las cifras oficiales revelan las ventas se han incrementado notablemente a pesar de la crisis y esa es la mejor noticia posible para el renacer del mercado.

 

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