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Tras el descubrimiento de América y la elección de Sevilla como puerto de referencia, los comerciantes sevillanos tomaron por costumbre hacer sus tratos alrededor de la Catedral, y cuando la lluvia hacía acto de presencia, no dudaban en acceder al templo para proseguir con sus quehaceres. Obviamente, el cabildo catedralicio no deseaba que su sede se convirtiera en un centro de negocios y por ello instaló cadenas y contrató alguaciles para impedir el paso. De esta manera, a las autoridades de la ciudad no les quedó otra que poner en marcha la construcción de una lonja en sus cercanías. El edificio resultante, de planta cuadrada y dos pisos, es lo que hoy conocemos como Archivo de Indias.

Durante más de un siglo fue empleado con fines estrictamente mercantiles, pero en 1785 el rey Carlos III decidió darle una utilidad totalmente distinta. El objetivo del monarca era centralizar toda la documentación sobre las colonias españolas en un único lugar y tener a buen recaudo la brillante historia de la conquista. José de Gálvez y Gallardo y Juan Bautista Muñoz fueron los encargados de plasmar su idea y muy pronto empezaron a recibir y organizar las escrituras. Como no podía ser de otro modo, el inmueble fue rehabilitado para convertirse en una especie de gigantesca biblioteca.

Conforme fue pasando el tiempo, el Archivo de Indias fue recolectando ingentes cantidades de manuscritos y ganando en relevancia. Tanto es así que, hoy día, su colección ocupa nada más y nada menos que nueve kilómetros lineales de estanterías. En otras palabras, conserva 43.000 legajos, 80 millones de páginas y 8.000 ilustraciones relacionados con el Nuevo Mundo. Algunos de sus textos más valiosos están firmados por Cristóbal Colón, Fernando de Magallanes, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, etc. También guarda la solicitud de un puesto de trabajo en América de Miguel de Cervantes, el original de la Bula de demarcación de Alejandro VI, numerosos planos de ciudades incipientes, etc. Es tal su riqueza documental, que ningún investigador de la Historia de América podría escribir una sola línea sin haber acudido antes al Archivo de Indias de Sevilla.

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