Palomas en núcleo urbanoMás de diez años llevan los vecinos de las calles Francisco de Ariño y Niña obligados a convivir con las palomas que cada noche anidan en el antiguo palomar del barrio. La acera se llena de plumas y excrementos y en los cables llegan a encontrarse aves muertas. Los vecinos no abren las ventanas porque el olor en ocasiones es nauseabundo o por miedo a que se cuelen estas aves en sus viviendas y comercios. Una situación que lleva más de una década repitiéndose sin que desde el Ayuntamiento se tome ninguna medida.En el número 6 de la calle Niña vivía el Loco pintor, como era conocido en el barrio el vecino dueño del antiguo palomar, donde hoy anidan las palomas. "Cuando falleció las palomas continuaron acudiendo, acostumbradas a la vieja casa", comenta desde su tapicería en la calle Jabugo Rafael Bernárdez. Años después, el inmueble continúa abandonado después de que se paralizaran las obras de remodelación: "Es un foco continuo de suciedad, excrementos y los vecinos no tenemos permiso para entrar, porque se trata de una propiedad privada".

 

 

 Antonio González vive en el número 10, junto al viejo palomar, y asegura no explicarse cómo, después de tantos años denunciando el problema, el Ayuntamiento no atiende sus reclamaciones. "Cuando llueve o hace demasiado calor, el hedor es insoportable, es como vivir junto a una granja", explica. Este vecino asegura que "no existe una normativa que prohíba dar de comer a las palomas en la calle" y que, mientras no se cubra ese vacío legal -tan sólo la ordenanza de 1990 se refiere a la prohibición de alimentar a los animales domésticos en la vía pública-, "es pedir peras al olmo". Ante la falta de respuesta del Ayuntamiento, los vecinos intentaron hace un año ponernos en contacto con una empresa de capturas de palomas, pero no tuvieron éxito. Según explica González han tenido que ser los propios afectados los que costeen las tareas de limpieza que se han llevado en parte del inmueble: "En el distrito nos dicen que están vigilando el problema, pero pasan los años y las palomas siguen anidando junto a nuestras viviendas". "Son ratas voladoras, que han llegado a colarse incluso en nuestras casas", comentan Carmen y Juan, vecinos de la zona. "Continuamente colocamos remedios caseros para intentar ahuyentarlas pero se acostumbran y continúan acudiendo", explica otro residente, José Luis. "Como mejor están es en salsa", bromean cansados de no obtener ninguna solución.Las primeras horas de la mañana y las últimas del día son las preferidas por estas okupas para posarse en las azoteas y cables eléctricos, y los huecos de la vieja obra se convierten en el lugar idóneo para esconderse. Aunque todos los vecinos aseguran ser conscientes del problema, son muchos los que aún continúan dándoles de comer en los parques o en las acercas. En ocasiones, "hemos tenido conflictos con algunos inquilinos que les echan hasta trigo", admite González. "Necesitamos crear consciencia del problema", insiste. En otras ciudades, como Lérida, las sanciones por alimentar a estos animales llegan a superar los 450 euros. Manuel Ferrer, presidente de la Asociación El Triángulo afirma estar cansado de recoger firmas y presentarlas en el distrito San Pablo-Santa Justa, sin que se tome ninguna medida: "La delegada nos prometió que erradicarían el problema, pero después de un año aquí hay más de setecientas palomas". Por ello, en septiembre volverán a presentar nuevas denuncias. Hace ahora un año que denunciaron públicamente en la Prensa este problema y, a día de hoy, la situación no ha cambiado nada. El viejo palomar sigue siendo un foco de insalubridad con el que se ven obligados a convivir. Están desesperados, pero no arrojan la toalla. Esperan aún la llegada de algún particular flautista de Hamelin a las calles del barrio.

 

Fuente: http://www.diariodesevilla.es/article/sevilla/771514/okupas/san/jose/obrero.html

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