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Madre María Purísima  Madre María de la Purísima de la Cruz, (en el siglo: María Isabel Salvat Romero) nació en Madrid el 20 de Febrero de 1926 en la calle Claudio Coello nº 25, en el seno de una distinguida familia de alto nivel social. Fué bautizada en la Parroquia de la Conccepción, en la calle Goya de Madrid. El día 8 de diciembre de  1944, cuando contaba 18 años, ingresó en la Compañía de la Cruz. Tomó los hábitos en 1945, profesó temporalmente en 1947 e hizo los votos perpetuos en 1952. Culta y distinguida hablaba tres idiomas, francés, inglés e italiano y debido a su piedad, no extrañó a la familia su decisión de ser hermana de la Cruz.Fiel seguidora de Santa Ángela y observadora intachable de las reglas del Instituto, mantuvo intacto el carisma fundacional. Fue elegida Madre general de la Compañía de la Cruz el 11 de Febrero de 1977, pero antes fue superiora de las casas de Estepa y Villanueva del Río y Minas, maestra de novicias y consejera generalicia.Austera y pobre para sí misma -«De lo poco, poco», solía decir- hacía vivir a las hermanas el espíritu del Instituto en la fidelidad a las casas pequeñas y se entregó a todos los que la necesitaban, especialmente a las niñas de los internados. También los pobres y enfermos ocupaban un lugar privilegiado en su corazón. Así atendía con verdadero cariño a las ancianas enfermas de las «cuevas» de Villanueva del Río y Minas, cuando estuvo allí de superiora. Diariamente por la mañana iba hasta las «cuevas» para atenderlas: las lavaba, les hacía la comida, les lavaba la ropa. Y siempre se reservaba los trabajos más duros y penosos.Gobernó la Compañía con incansable celo y gigante espíritu de Hermana de la Cruz. Su ideal fué hacer vida el carisma de la Santa Madre Fundadora y con su vida sencilla, humilde y llena de fe, supo dar ejemplo. Fue fiel seguidora de su obra, y ha dejado en el corazón de todas sus hijas deseos ardientes de imitar su amor a Dios y a su Santo Instituto. Falleció el día 31 de octubre de 1998.En la cripta de la Casa Madre de las Hermanas de la Cruz, en el mismo lugar que ocupó durante 50 años el cuerpo de Santa Ángela, descansa el cuerpo de Madre María de la Purísima. Allí la visitan los devotos, cada día más numerosos, que no paran de encomendarse a ella y pedirle favores.

 

 

        Clausura del proceso diocesano sobre un presunto milagro atribuido a la Sierva de Dios Madre María de la Purísima de la Cruz.

 

Una niña de La Palma del Condado recupera la salud tras encomendarse su familia a Madre María de la Purísima. Tenía tres años cuando estuvo a la muerte porque se le rompió el cable del marcapasos y salió del hospital en silla de ruedas, sin hablar y desconectada del medio El día 4 de Noviembre de 2005, tuvo lugar en la capilla del convento la clausura de la instrucción del proceso diocesano sobre un presunto milagro atribuido a la Sierva de Dios Madre María de la Purísima de la Cruz. El acto estuvo presidido por el Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal D. Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla. Los hechos ocurrieron en 2004 cuando Ana María, que vive en La Palma del Condado, tenía tres años y diez meses. La niña nació con una cardiopatía congénita y sin vena cava inferior, por lo que acabada de nacer los médicos tuvieron que instalarle una fístula y ya con 13 meses, un marcapasos. En 2004 se le rompió el cable del marcapasos y sufrió una parada cardiorespiratoria. Tuvo que ser trasladada al Virgen del Rocío e ingresada en la UCI. Sufrió el síndrome de stock adam, estuvo intubada con un edema agudo de pulmón y la falta de oxígeno en el cerebro le provocó unas secuelas neurológicas. La niña volvió a su casa en silla de ruedas, sin hablar , «desconectada del medio». Luego, Ana María tuvo una rápida y completa recuperación tras pasarle su madre la estampa de Madre de María de la Purísima por la cabeza. La abuela materna de la niña, Dolores García González, pasó una noche rezando a Madre María de la Purísima: «Yo decía mi niña ya no es mi niña, no conoce. Y esta santa necesita un milagro para hacerse más santa y qué mayor milagro que curar a mi nieta.Tírale al Señor del manto para que mire a mi niña». «Que mi niña me conozca» Su hija, Paloma Casado, en su casa, cuidaba a Ana María. En ese momento llegó una pareja de las Hermanas de la Cruz. Hermana Valle de María le dió una estampa de Madre María de la Purísima y la madre la pasó por la cabeza de la niña. A la vez, la abuela y la madre, estaban rezándole a Madre María de la Purísima. Paloma se emocionó al contarlo: «La hermana me dió la estampa y se la pasé por la cabeza. Yo decía si usted es santa qué mejor manera de demostrarlo que curando a mi hija y que aunque sea en una sillita que me conozca y yo la pueda consolar». Al poco, la niña dijo que quería andar. Se dio cuenta de que estaba lloviendo y avisó a su madre de que su hermana pequeña iba a salir descalza al patio. Su abuelo materno no lo podía creer. Fue corriendo a avisar a su mujer Paloma Casado, junto a su marido Joaquín Rodríguez Aguirre, decía  que lo que ha pasado no podía caer en saco roto: «Algo grande tiene que salir de aquí. Por mucha cruz y sufrimiento que tenga en la vida este amor que Dios me ha regalado a través de Madre María de la Purísima no lo olvidaré». La Hermana Valle dijo que en aquella casa había una pena muy grande y se trocó en alegría, y que Madre María de la Purísima cuando vivía se compadecía de los más débiles. quería mucho a la gente sencilla y sobre todo a las niñas del internado. El perito médico Manuel Nieto expuso todo el historal médico de la niña y finalizó su intervención diciendo que había tenido una evolución excepcional y una completa recuperación «dificilmente explicable y no previsible», Luego se cerraron con lacre las tres cajas que contienen los documentos del proceso, la original, que quedará en el achivo de la Curia Diocesana de Sevilla, y las copias que el vicepostulador, Teodoro Muñoz entregará en Roma.

 

El cardenal Amigo comenzó su breves palabras señalando «¿Y por qué os habeis extrañado? El amor todo lo puede, todo lo supera. Era tan grande el que había en el corazón de Madre María de la Purísima que por qué habeis de extrañaros de ese milagro». Afirmó que los milagros son sorprendentes, pero más sorprenden por la sencillez que por la grandeza de los efectos: «Basta una petición y la abundancia del corazón de Dios se derrama». Comentó la devoción creciente a Madre Maria de la Purísima y arrancó risas del auditorio cuando dijo «tuvimos la dicha de conocer su sonrisa, su silencio, su bondad, su dulzura, su amor a Cristo y a la Virgen. Con esas devociones quién no hace milagros», y al comentar que si los santos se pudieran hacer por aclamación «las voces de esta capilla se oirían en Roma». Tras el acto buscó a Ana María, la besó, la llevó al altar mayor para que todos la vieran, y pidió un aplauso para ella.

 

Fuente: http://www.hermandades-de-sevilla.org/sorangela/madre_maria_purisima.htm

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