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Quien más y quien menos se hace una idea de la magnitud que tuvo el imperio romano, ya sea por lo que le enseñaron en la escuela, por lo que ha leído en los libros o por las películas que ha visto en televisión. Pues bien, la primera persona no nacida en Roma que llegó a la cúspide de semejante territorio fue… un sevillano. Tal como lo oyen. Trajano vio la luz por primera vez el 18 de septiembre del año 53 en Itálica, lo que hoy conocemos por Santiponce, a escasos kilómetros de Híspalis. Allí fue criado por su madre, ya que su padre era un reputado senador y general que pasaba más tiempo en los conflictos bélicos que en su propio hogar. Pese a ello, Trajano quiso ser como él y muy pronto se instruyó en el arte de la guerra para seguir sus pasos.

Y no sólo lo consiguió, sino que llegó más alto que su progenitor. Siendo muy joven participó en las campañas de Hispania, Siria y Germania, durante los reinados de los emperadores Tito y Domiciano, demostrando primero sus habilidades en el campo de batalla, y posteriormente, sus dotes de estratega. De forma casi paralela, se adiestró también en la diplomacia, superando las clásicas etapas del cursus honorum: cuestor, pretor y legado. No es de extrañar por tanto que a los 38 años fuese nombrado cónsul, y poco después, gobernador de Germania. Su meteórica Trajano, emperador Sevillanoascensión le hizo muy popular en todos los estamentos militares y el eco de sus éxitos llegó hasta el mismísimo senado de Roma.

En el año 96, el emperador Domiciano fue asesinado y le sustituyó en el cargo Nerva. Debido a su avanzada edad y a su carácter quisquilloso, Nerva no era muy querido entre las tropas. De hecho, sufrió revueltas pretorianas nada más alzarse con el poder y para contrarrestarlas, tuvo el ingenio de reclutar como mano derecha al admirado Trajano, llegando a afirmar públicamente que sería su heredero y sucesor. Con el general más brillante del momento a su lado, Nerva encontró la tranquilidad, aunque por poco tiempo, ya que murió inesperadamente tan sólo un año después. Llegados a ese punto, sólo un hombre estaba legitimado para tomar el relevo: Marco Ulpio Trajano.

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