Uno de los personajes más famosos y prolíficos que ha dado la literatura española es el de Don Juan. La corriente mayoritaria da por sentado que fue creado por Tirso de Molina en 1630, aunque hay quienes piensan que fue caracterizado mucho antes, concretamente en la Edad Media. Hablamos, en todo caso, de un arquetipo de seductor fanfarrón, osado y transgresor cuyos romances más célebres se dieron en Sevilla. Fueron tantos los autores escribieron sobre él, que llegó un momento en el que se investigó seriamente su verdadera existencia, aunque no se obtuvieron pruebas fehacientes. Sea como fuere, su nombre y sus andanzas han pasado a la inmortalidad gracias a sus numerosas adaptaciones. La que hoy nos ocupa, la de José Zorrilla, es quizás la más universal de todas.
La obra del dramaturgo vallisoletano está ambientada en la capital hispalense y arranca con una apuesta entre el protagonista, Don Juan Tenorio, y su amigo Don Luis Mejía. El reto consistía en
comprobar quién hacía más canalladas, se batía en más duelos y encandilaba a más doncellas en el plazo de un año. 365 días después, se reúnen en una hostería para comparar sus andanzas y Don Juan se declara vencedor, aunque vuelven a desafiarle con una última prueba: galantear a una novicia (Doña Inés). El caballero no solo recoge gustosamente el guante, sino que añade que conquistará también a la amada de su compañero. Así, acto a acto, Don Juan va consiguiendo todo lo que se propone, pero a costa de vender su alma al diablo. Por ello, poco antes de cerrarse el telón, se enfrenta a sus propios fantasmas y cuestiona todo lo que ha hecho por vanidad.
comprobar quién hacía más canalladas, se batía en más duelos y encandilaba a más doncellas en el plazo de un año. 365 días después, se reúnen en una hostería para comparar sus andanzas y Don Juan se declara vencedor, aunque vuelven a desafiarle con una última prueba: galantear a una novicia (Doña Inés). El caballero no solo recoge gustosamente el guante, sino que añade que conquistará también a la amada de su compañero. Así, acto a acto, Don Juan va consiguiendo todo lo que se propone, pero a costa de vender su alma al diablo. Por ello, poco antes de cerrarse el telón, se enfrenta a sus propios fantasmas y cuestiona todo lo que ha hecho por vanidad.Curiosamente, el mito de Don Juan vuelve a ser motivo de actualidad, ya que en Sevilla se evocará del 31 de octubre al 4 de noviembre a través de una veintena de representaciones teatrales en distintos enclaves de la ciudad, tales como la Plaza del Triunfo, el Mercado del Arenal, la Plaza de los Refinadores (donde está ubicada su estatua), etc. Dicha oferta cultural se pueden complementar cualquier día del año con un recorrido por los lugares en los que se desarrolla la obra, como por ejemplo el convento de San Leonardo (allí residía el protagonista), la Hostería del Laurel, la casa de Doña Ana Pantoja (la prometida de Don Juan) y algunos más.


financiada por la Asociación Hebrea de Sefarad y el resultado fue un monolito de hormigón de 5 metros de altura y 12 de anchura que representan dos brazos abiertos mirando a la ciudad. El escultor Eduardo Chillida (ya fallecido) fue el encargado de ejecutar el proyecto y el hecho de que fuese vasco generó algunas suspicacias, quizás porque eran tiempos convulsos por los continuos ataques terroristas, pero su elección también sirvió para simbolizar el abrazo a todas las culturas sin excepción.

brillante, retransmitiendo la huída con numerosas llamadas telefónicas desde las calles por las que avanzaban. Habían pasado las seis y media de la tarde cuando se produjo un tiroteo entre los terroristas y las fuerzas del orden junto al Hogar San Fernando. Uno de los fugitivos fue capturado en dicha refriega, mientras que el otro, herido en un hombro, consiguió escapar, aunque por poco tiempo. Ambas detenciones se produjeron en el barrio de la Macarena, en medio de un gentío que se sintió partícipe del arresto. No en vano, la colaboración ciudadana resultó más que decisiva.
conseguido recrear sus interiores con una precisión milimétrica y poner al alcance del público reliquias tan interesantes como la lista de pasajeros completa, dos cartas escritas del puño y letra del primer oficial, un fragmento de la escalinata, un trozo de carbón extraído de la sala de calderas, etcétera. Además, se podrán recorrer los pomposos pasillos, visitar los camarotes y apreciar las diferencias entre los de primera clase y los de tercera, e incluso tocar un iceberg con los dedos de la mano.
llegó a estar conectada a las otras grandes atalayas de la ciudad, y esta hipótesis cobró más fuerza si cabe tras las últimas excavaciones realizadas hace aproximadamente una década. Y es que no cabe duda de que formó parte de las murallas del Real Alcázar. De hecho, estaba unida a ellas a través de un arco ya desaparecido que limitaba con la Puerta de Jerez. Así pues, todo hace indicar que la torre fue ideada para ampliar las infraestructuras defensivas de la ciudad en unos tiempos verdaderamente agitados.
su encanto. Tanto es así que en ellas crecieron personajes tan ilustres y variados como Gustavo Adolfo Bécquer, el Conde de Barajas, el Cardenal Espínola, Ortega Bru, Francisco Buiza, Manuel Font de Anta, Manolo Caracol, etcétera.