Los buenos días de Manuela.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos días, de calor.

Ya esto se está pasando.

Menos mal que tenemos la página y siempre podemos dar un paseo virtual.

Para aquellos que se atrevan, recomiendo el centro histórico.

Entrar por Barqueta, bajar por Curtidurías y llegarse hasta la Plaza de San Lorenzo.
Con un poco de suerte encontraréis abierta la iglesia del Gran Poder.
Visitar el Museo. Precioso y fresquito.
O recorrer calles estrellas y largas como San Vicente, Miguel del Cid, Santa Ana, y después un refresquito en la Alameda de Hércules.
Por esas calles encontraréis fachadas de arquitectura regionalista.
Tenéis que ir con los ojos muy abiertos, y cambiando de acera para apreciar bien las fachadas y la herrería. Preciosas y sevillanísimas.

Mis amigos franceses encontrarán un bar pequeñito en la calle San Vicente. Lo regenta una chica encantadora. Se habla francés y se comen cosas típicas de Francia.

No olvidar crema protectora solar, una buena gorra o un sombrero de paja y, por supuesto las gafas de sol.
Y en el bolso o en la mochila una botella de agua fresquita.
Son recomendaciones que por sabidas se nos olvidan a veces.

Yo, hoy, voy a pasear por la página.
Ahí es seguro que no se pasa calor.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos y de calor.

 

Manuela Sosa Martin.

Los buenos días de Manuela.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos días, de Alcázar.

El calor sigue.

Parece que nos ha cogido cariño, y lo que nos ha cogido es de sorpresa. Como todos los años. 
No nos acordamos o no nos queremos acordar porque no es agradable.
De día cuesta trabajo soportarlo y de noche no nos deja descansar.
Ya se sabe que en mayo empiezan estas calores. También es verdad que puede que refresque y que haga hasta frío.

Por eso de “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”
Menos mal que el cuerpo se acostumbra y se hace a todo.
Lo peor son los visitantes. Incluso las Agencias de Viajes desaconsejan venir a Sevilla.
Muy mal. Porque Sevilla en verano también tiene su encanto.

Y uno de ellos es visitar los Jardines del Alcázar. Allí hace fresquito y el olor que desprenden lo setos y las flores, hace aún más agradable la visita.

Yo recuerdo que mi madre nos llevaba allí en primavera y en junio. Había unos tickets especiales y era más barato que el billete de entrada normal. Íbamos todas las tardes al salir del colegio.
Jugábamos entre las fuentes. Nos perdíamos en los laberintos. Tan perdidas que algunas veces, tenían que venir a rescatarnos. Mi madre llamaba al guarda, y protestando nos indicaba el camino. Yo que era muy delgada y muy bicho, me colaba entre los setos y salía sola. 
El protestón del guarda me perseguía un trecho, pero como era mayor y estaba gordete nunca me alcanzaba.

Luego se lo decía a mi madre riendo. 
Yo creo que lo hacía por jugar con nosotros. Debería de estar aburrido. Todo el día vigilando el mismo trozo de los jardines.

Que ya he dicho que son preciosos, pero todo el día durante una vida laboral aburre a cualquiera.
Bueno, Al-Mutamid no se aburría porque se ponía a escribir poemas.

Voy a hacer una visita a los jardines y le voy a decir esto al guarda de seguridad.
Escribir poemas ayuda. La creación y la lectura son las mejores acompañantes.
Aconsejo esta visita a los que vienen de fuera. Los árabes sabían de jardines.
Y a los sevillanos, que estén un poco libres, que se pierdan una mañana o una tarde por allí.
Si es posible recordando a Al-Mutamid y leyendo uno de sus poemas.
Buenos días, amigos de Sevilla.

Buenos y de Alcázar.

Manuela Sosa Martin.

Hijo Predilecto

Felipe González demostró a todos a los españoles que con esfuerzo, dedicación y convicción se puede llegar a cualquier parte. Su historia es la del hijo de un vaquero que llegó a ser presidente del Gobierno, nada más y nada menos. Vendiendo ganado y haciendo malabares con las pesetas, su padre pudo costearle los estudios, lo cual no estaba al alcance de cualquiera en aquellos tiempos. Y mucho menos, donde se crió, en la Bellavista de la posguerra, la cual fue descrita por él mismo así a posteriori: “Era un barrio de aluvión, sin urbanizar y un núcleo de reclusos que trabajaban en el ‘Canal de los Presos’, o sea el Guadalquivir, y que cuando cumplían la condena de trabajos forzados, una parte no volvía a sus pueblos y se quedaba en este entorno. Era un ambiente de resistencia social a todo lo que significaba el franquismo y la dictadura. Por tanto, eso me facilitó mucho la cosa”.

Primero pensó en cursar Filosofía, pero finalmente se decantó por Derecho para tener más conocimientos sobre el mundo de los trabajadores. Dado que sentía empatía por ellos, fueron las penurias que había visto a su alrededor día tras día las que le llevaron a tomar un papel muy activo en la universidad, formando parte de distintas organizaciones democristianas. En 1964 se afilió al PSOE y poco después ya compatibilizaba su labor política (en las bases) con la de abogado laboralista. Bajo el alias de ‘Isidoro’, fue tomando muchísima fuerza en la clandestinidad, distribuyendo propaganda, liderando manifestaciones, organizando encuentros secretos para idear una nueva España democrática y siendo encarcelado por todo ello en más de una ocasión. Un cisma en las filas socialistas le permitió ascender fulgurantemente en el organigrama del partido, pasando del comité provincial al nacional, del cargo de secretario al de diputado, de ahí a ser líder de la oposición y finalmente… a La Moncloa en 1982.

El resto de la historia todo el mundo lo conoce. Con un carisma inconfundible y una oratoria brillante, basada en la utilización de un lenguaje llano y accesible, se ganó la confianza de gran parte de España. Obviamente, su mandato tuvo luces, sobre todo en las primeras legislaturas, y también sombras, fundamentalmente en su última etapa, aunque con el paso del tiempo las primeras han preponderado sobre las segundas y buena prueba de ello es que el Ayuntamiento de Sevilla, comandado por el popular Juan Ignacio Zoido, ha tenido a bien nombrarle Hijo Predilecto de la ciudad, la máxima distinción que se reserva para los sevillanos más ilustres.

Los buenos días de Manuela.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos días, de río.

¡Ay, ay, qué calor!
Ayer se me ocurrió dar un paseo para contaros cositas y casi me derrito.
En las noticias del tiempo decían que subiríamos a 37º. Eso sería donde ellos lo midan.

A las dos de la tarde el termómetro que está en la Glorieta del Cid, marcaba 49º.
Claro que está al sol, pero yo cuando salgo también lo estoy.

¡Ay, ay! Esto es lo único malo que tiene mi Sevilla.
Pero son tantas las cosas buenas y las bonitas, que la balanza se inclina de su parte.

Por eso hoy se me ha ocurrido pasear por la orilla del río. La visión del agua refresca el entorno y el calor se hace más llevadero.

Yo lo empezaría por Cartuja y llegaría hasta la salida de Sevilla, cuando el río se encamina a Gelves.

También es una buena idea coger uno de los barcos, que llevan hasta la esclusa.
O incluso unos que llegan a Sanlúcar de Barrameda.

Allí se puede ver la desembocadura en barra y después comer un marisquito en Bajo de Guía.

En la Plaza del Cabildo ponen una papas aliñás con melva que quitan el sentío, y unas tortillitas de camarones, que parecen de encaje. ¡Qué ricas!

De postre, para los golosos, hay una confitería, a la izquierda de la plaza.
Los pasteles son tan buenos que ni engordan.

La vuelta en el barco está amenizada con una orquesta y en el salón de la bodega se puede bailar.

El viaje dura el día completo. Por la mañana yendo en cubierta se ve todo el transcurrir del río y la flora de sus orillas, y a la vuelta se pueden contemplar las estrellas o bajar al baile.

Otra idea, ésta más cómoda y barata, es entrar en la página y recorrer el río y sus puentes.

Por ideas que no quede.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos, y de río.

 

Manuela Sosa Martin.

Los buenos días de Manuela.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos días, de detalles del Arenal.

Una de las calles más emblemáticas de este barrio es Arfe.

En el número 5, está uno de los edificios más conseguidos de la estética de la arquitectura regionalista.
Hace esquina con la calle García de Vinuesa, y es obra de Antonio Arévalo Martínez, un arquitecto sevillano, nacido en 1871.

Es una construcción estrecha y alargada y aprovecha su situación en la esquina para ofrecer un ángulo perfectamente redondeado.
Esta característica la vamos a encontrar en los distintos edificios de este estilo que están repartidos por la ciudad y que intentaremos dar a conocer a los amigos de Sevilla.

En el lateral que da a la calle Arfe, aparece grabada la fecha de su construcción: 1921.

Es un edificio de cuatro plantas de altura y dos tonos de color en la fachada.
El más oscuro está reservado a las labores de ladrillo aplantillado, donde apreciamos los elementos como los arcos, balcones y remates de cubierta.

También hay que destacar los maravillosos trabajos de forja.
Especialmente los dos grandes miradores redondeados de la esquina y el balconaje corrido de la planta superior.

Muy interesante mirar el edificio desde varias de sus perspectivas.
Lo detalles y el gusto arquitectónico de principios del siglo XX, están perfectamente recogidos en su fachada.

Y como no sólo de arquitectura vive el hombre, vamos a descansar tomando una buenas tapas en “La Esquinita de Arfe”
Está situado muy cerca del Postigo del Aceite, a medio camino entre la Giralda y la Maestranza.

No tiene pérdida.

Tapas como las espinacas con garbanzos, los pavías, o las tortillitas de camarones, están diciendo cómeme.

Es un local pequeño y acogedor, tiene dos, tres mesas, pero en su barra siempre podemos hacernos un hueco.
Desde la calle ya se percibe un olor que preludia el sabor de sus tapas.
Ya sólo este olor nos invita a entrar.

Creo que es una parada obligatoria para coger fuerzas y seguir el paseo.

No nos gusta abusar de fechas, nombres y demás cosas que podéis encontrar en cualquier libro sobre Sevilla.

El objetivo es indicar lugares, que los sevillanos paseamos y pasamos con frecuencia, sin apreciar todo su valor.

Yo no me lo perdono. Las prisas y la rutina no son excusas.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos y de detalles del Arenal.

 

Manuela Sosa Martin.

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