Los pétalos de las ’17 rosas’ de Guillena

La Guerra Civil Española abrió profundas heridas que aún no han cicatrizado y nos dejó un sinfín de trágicas historias que ni mucho menos se han olvidado. Sería un ejercicio de falta de rigor y de subjetividad absoluta tildar a un bando como “el bueno” y a otro como “el malo”, ya que en ambos se cometieron atrocidades injustificables, pero en estos días es noticia lo que sucedió concretamente en la localidad sevillana de Guillena hace 74 años.

Corría el año 1937. Los sublevados habían tomado la ciudad de Sevilla con más facilidad de la esperada y se extendían por la provincia llevando a cabo su particular revanchismo, señalando, humillando e incluso ejecutando a los simpatizantes de la República. Y Guillena no fue una excepción, sino más bien todo lo contrario. Tras el alzamiento el militar, muchos hombres huyeron para evitar las represalias y alistarse al ejército republicano, pero pocos lo consiguieron. En cambio, las mujeres se quedaron y sintieron primero la zozobra y luego el castigo, lo que se conocía oficialmente como la “condena ejemplarizante» simple y llanamente por su relación conyugal o sentimental con sindicalistas de izquierdas. Con ese pobre argumento, 19 de ellas fueron detenidas en septiembre de ese mismo año.

Dos consiguieron el indulto por motivos un tanto difusos, mientras que las otras 17, con edades comprendidas entre los 24 y los 70 años, fueron vejadas y fusiladas a sangre fría. Con el tiempo, su tragedia se hizo muy popular a nivel regional y empezó a conocérselas como las ‘17 rosas’ de Guillena. No obstante, sus familiares y seres queridos, lo que deseaban fervientemente no era su reconocimiento como mártires, sino encontrar sus pétalos, es decir, sus restos. Ahora son motivo de actualidad porque, tras un intenso periodo de indagaciones para localizar la fosa común en la que fueron enterradas, se ha procedido por fin a la exhumación. Como suele decirse, más vale tarde que nunca.

El pulmón de la ciudad

Al margen de las mejoras en las infraestructuras de comunicación, el Parque del Alamillo es el mejor legado que dejó la Exposición Universal de 1992. Durante las últimas dos décadas se ha intentado revitalizar con persistencia todo el espacio de la Isla de la Cartuja con la construcción de un estadio, varias facultades universitarias y un parque de atracciones, el traslado de empresas de renombre y discotecas, la remodelación de los pabellones, etc. Sin embargo, el único espacio que ha cobrado vida por sí mismo sin necesidad de recibir un empujoncito de consideración por parte de las autoridades ha sido el Parque del Alamillo.

Naturalmente, con el paso de los años se han ampliado y optimizado sus recursos con inversión pública por una sencilla razón: había que dar respuesta al creciente uso de sus instalaciones. Hablamos de un bello paraje de 85 hectáreas impregnado de la típica vegetación mediterránea, es decir, de álamos, olmos, pinos, alcornoques y naranjos que crean una atmósfera idílica para respirar aire fresco. Pero no sólo podemos deleitarnos con su vistosa flora, la cual fue agrandada en 2009 con la apertura del vivero, sino que también brilla con luz propia su fauna, compuesta por una gran variedad de aves, anfibios y reptiles. Y todo ello, sin olvidar sus dos lagos, que transmiten una interminable sensación de calma y tranquilidad.

Todos estos ingredientes le han convertido en el sitio ideal para el recreo de los sevillanos. Al Parque del Alamillo acuden personas de todas las edades para caminar, correr, montar en bicicleta o patines, leer, estudiar, almorzar, merendar, cenar, echarse una siesta, tomar el sol, pasear al perro, celebrar cumpleaños, jugar a la pelota o a las cartas, montarse en el tren o en los columpios, ver películas en el cine de verano, etc.  Son tantas las posibilidades que se tienen al alcance de la mano, que pocos se resisten a la tentación de acudir a él con frecuencia. Hoy por hoy es el pulmón de Sevilla y nadie puede negar que goza de un excelente estado de salud.

El galeón de La Pepa echa anclas en Sevilla

La Constitución firmada en Cádiz en 1812, conocida popularmente como ‘La Pepa’ por haber sido aprobada el día de San José, supone uno de los hitos más importantes de este país. Conceptos que hoy nos parecen tan básicos como el sufragio universal (masculino), la libertad de imprenta, la división de poderes, la igualdad de los ciudadanos ante la ley o la soberanía nacional, fueron aglutinados por primera vez en esta fecha, obteniendo como resultado uno de los textos más liberales del momento. Para conocer a fondo el trasfondo político de aquella época y las repercusiones que tuvo a posteriori, sería necesario leer durante horas, pero en Sevilla existe ahora mismo una alternativa mucho más amena y gráfica.

Y es que desde hace unos días -y hasta el 29 de enero- está atracado en el Muelle de las Delicias el galeón ‘La Pepa 2012’, que hace las veces de centro de interpretación itinerante. En otras palabras, el barco se ha convertido en una especie de museo didáctico que permite enseñar a personas de todas las edades la historia de la Carta Magna, su influencia en las relaciones marítimas de Cádiz y el papel que tuvo Andalucía como cuna del liberalismo en Europa. Lo hace a a través de paneles explicativos, amplios mapas y efectos audiovisuales, y dado que la entrada es gratuita, no hay excusas para no hacerle una visita antes de que leve anclas. El buque permanecerá abierto para el público en general los dos próximos fines de semana; los viernes de 15:00 a 18:00 horas y los sábados y los domingos de 10:00 a 18:00 horas de forma ininterrumpida, ya que los días entre semana están reservados para visitas escolares.

Esta réplica de los galeones que partían desde la Tacita de Plata rumbo a América para comerciar con las Indias ha realizado un recorrido por buena parte de la geografía española en los últimos meses. En concreto, ha hecho paradas en los puertos de Cádiz, Bilbao, Santander, La Coruña y Huelva desde el mes de junio y con casi toda seguridad, la capital hispalense será su última escala antes de retornar a su punto de origen. Sin duda, se trata de una atractiva iniciativa que pretende recordar por todo el territorio nacional cómo se sembró la semilla la democracia que hoy conocemos, hace nada más y nada menos que 200 años. Casi nada.

El Puente de las Delicias padece ‘artrosis’

Obviamente, el titular de este artículo es una metáfora. El Puente de las Delicias no es un ser vivo y por lo tanto, no padece ninguna enfermedad, pero sí es verdad que se está haciendo mayor. Sufre averías con demasiada frecuencia y da la sensación de que hace un esfuerzo sobrehumano cada vez que se eleva para dejar pasar a los barcos. Las articulaciones le fallan. Ha llegado un momento en el que mantenerlo en forma cuesta un dineral (su última reparación tuvo un presupuesto de 11.000 euros) y por esta razón, el Puerto se está planteando seriamente la posibilidad de prescribirle reposo absoluto, es decir, ordenarle que deje de levantarse y cese su actividad como puente basculante.

Una persona con 20 años está en plena juventud, pero un puente con esa misma edad empieza a notar la decadencia, sobre todo, si sus espaldas han soportado un intenso volumen de trabajo. Algo así es lo que le ha sucedido al Puente de las Delicias. Fue diseñado por Férnandez Troyano y Javier Manterola Armisen y construido entre 1988 y 1990 con motivo de la celebración de la Exposición de 1992. Su cometido era sustituir con más y mejores garantías al Puente de Alfonso XIII, que, pese a seguir en pie, fue desplazado a otra ubicación donde permanece en desuso. Y lo cierto es que durante todo este tiempo ha cumplido su objetivo con creces, pero empieza a mostrar síntomas de que no podrá seguir a ese ritmo eternamente.

Dice el dicho que más vale prevenir que curar y por eso las autoridades portuarias ya están buscando una especie de remedio casero. Dado que la edificación de un nuevo puente está totalmente descartada (la crisis no invita a invertir millones de euros), la opción más viable sería fijar la parte móvil y trasladar los puntos de atraque, por ejemplo, a Puerto Gelves, y construir una nueva dársena al otro lado del puente. Si este plan se llevara a cabo, a buen seguro que la ciudad saldría ganando y el Puente de las Delicias viviría su madurez y su vejez de una manera mucho más plácida.

El Huevo de Colón se siente indefenso

Hay noticias que nadie desearía leer por su contenido negativo, pero son necesarias para concienciarnos de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. En este caso, aunque no se trata de ninguna tragedia humana, sí duele saber que la Gerencia de Urbanismo se haya visto obligada a vallar el monumento a Colón debido a los numerosos y continuos robos que ha sufrido últimamente. En concreto, han sido varias piezas de bronce las que han desaparecido debido al alto precio que se paga por este material en el mercado (siete euros el kilo), y ya se puede apreciar a simple vista cómo la estructura ha quedado al descubierto y muy deteriorada por ello.

Hay que recordar que esta escultura, realizada por el ruso Zurab Tsereteli, fue un regalo de la ciudad de Moscú a Sevilla, y el Ayuntamiento decidió instalarla en el Parque de San Jerónimo, lugar al que la infanta Elena de Borbón y Grecia acudió para inaugurarla en octubre de 1995. El nombre original del conjunto es ‘El nacimiento del Hombre nuevo’, aunque es conocido popularmente como ‘El Huevo de Colón’ dada su forma ovalada. En su interior, se encuentra una estatua del descubridor de América sosteniendo un mapa desenrollado de una mano a otra, dejando ver las tres carabelas.

Desgraciadamente, su historia ha estado siempre ligada a los hurtos. De hecho, en el año 2000 fue necesario hacer una reparación a fondo de los daños y sustituir algunas porciones de bronce por calamina, un mineral más barato y menos apetitoso para los delincuentes. También se acicaló el Parque de San Jerónimo y se conectó la zona en la que está ubicado el monumento con el Parque del Alamillo para que no estuviera tan aislado, y durante muchos años, estas modificaciones dieron sus resultados, ya que la obra se conservó en buen estado. Sin embargo, los últimos acontecimientos han puesto de manifiesto otra vez que ‘El Huevo de Colón’ precisa más seguridad, ya que el respeto al patrimonio cultural no es un bien que cotice al alza en estos momentos.

La Justicia busca su sitio

Al margen de la efectividad del actual sistema punitivo, que es algo que se cuestiona ahora mismo en todo el conjunto de España, en Sevilla existe además otro debate paralelo que es el de a dónde irá a parar la famosa Ciudad de la Justicia. Hay dos opciones muy claras: mantenerla en El Prado y remodelar a fondo las instalaciones existentes, o trasladarla a Los Gordales. El Consistorio, comandado por Juan Ignacio Zoido, es partidario de la primera vía siempre y cuando sea compatible con el Metro, mientras que la Junta de Andalucía prefiere la mudanza para disponer de más espacio. De hecho, el gobierno autonómico ya cedió un amplio solar al equipo de Monteseirín para que se edificaran allí dos nuevos edificios. Pero de momento, las divergencias impiden que se coloquen los primeros ladrillos.

Entre una cosa y otra, el proyecto lleva atascado más de doce años, un tiempo que se antoja desproporcionado se mire por donde se mire, y lo peor de todo es que no hay visos de que pueda desbloquearse a corto plazo. Es más, en estos momentos todo está a expensas de que se emitan los informes técnicos que determinarán si la línea 3 del Metro a su paso por El Prado es compatible con sus obras al incluir dependencias en el subsuelo. Una vez se conozcan los resultados, el debate continuará a buen seguro, porque aún quedaría por despejar la incógnita de quién y cómo se financiará un proyecto de tal envergadura. Por no hablar de la tercera ubicación alternativa, Buen Aire, de la que poco se habla pero que ni mucho menos está descartada.

Lo cierto y verdad es que los argumentos de ambas partes tienen su porción de lógica. Por un lado, seguir en El Prado es lo que desean los profesionales sector y con las nuevas obras, mejorarían sensiblemente las comunicaciones, se solucionaría el problema de los aparcamientos y se seguiría poniendo en valor el legado de 1929. Pero el traslado a Los Gordales también tendría sus beneficios. El más importante sería el de contar con un sitio más amplio, cómodo y completamente nuevo, sin olvidar que sus tareas de construcción generarían menos controversia. Sea como fuere, habrá que esperar para conocer el desenlace de esta historia y es más que probable que este asunto sea uno de los más recurrentes en las próximas elecciones autonómicas.

Los hombres de los barcos dicen adiós

Probablemente ninguna otra ciudad del mundo sin mar haya tenido tanta relación con los barcos como Sevilla a lo largo de los siglos. Desde la lejana época tartesa, pasando por los años posteriores al descubrimiento de América, sin olvidar las atarazanas y la modernización del siglo XIX, hasta llegar a su último largo capítulo, el que va desde 1946 hasta hace tan sólo unos días. Obviamente, su historia no habría sido tan longeva si el Guadalquivir no hubiera sido el único río navegable de España, aunque ni siquiera la particularidad de su cauce ha impedido que el astillero desaparezca.

Ha habido momentos de todos los colores: de esplendor, de alegría, de incertidumbre, de desesperación, de lucha… En plena posguerra se inició la construcción de la factoría que hoy conocemos y fue como una bombona de oxígeno en términos industriales y de empleo. El mismísimo Franco vino a la capital hispalense para inaugurarla en 1953, dando el pistoletazo de salida a un enorme y ambicioso proyecto. Tanto es así que la plantilla de trabajadores llegó a contarse por miles (alcanzó la cifra de los 5.000) y en épocas de bonanza, como la de la década de los setenta, se llegaron a construir nada más y nada menos que once navíos en tan sólo un año.
Astilleros Sevilla dicen adiósPero dicen que todo lo bueno se acaba y a partir de 1993 la actividad del astillero fue menguando sin visos de detenerse.

Comenzaron los recortes, esa palabra que tan de moda está actualmente pero que ni mucho menos es nueva, y la factoría terminó tomando el camino de la privatización sin ningún éxito. De hecho, al ser traspasada al propietario del astillero de Huelva, las cosas no mejoraron y cada vez eran más los trabajadores que eran despojados del oficio de toda su vida. Y es que la competencia de los países asiáticos, capaces de levantar barcos a la velocidad de la luz y venderlos a un precio mucho menor, redujo notablemente la demanda. En cualquier caso, los trabajadores protestaron todo lo que pudieron y más durante estos años, denunciando que la administración les había dejado de lado, pero el cierre de la planta ya es un hecho, puesto que los contratos de los últimos 58 empleados de Astilleros de Sevilla expiraron el pasado sábado 30 de diciembre en cumplimiento del ERE. Así pues, desgraciadamente, los hombres de los barcos han dicho adiós.

Contra la fuga de cerebros

Las películas filmadas en Hollywood nos hacen creer que las mentes privilegiadas se forman única y exclusivamente en territorio estadounidense, sobre todo en la archiconocida Universidad de Harvard, y cuando se permiten el lujo de hacer excepciones, siempre retroceden en el tiempo para hablar de científicos rusos del KGB o nos muestran la cara de algún asiático que es capaz de hacer manejar el chip más moderno del mundo. Pero obviamente, la ficción cinematográfica no se corresponde con la realidad. El talento no se adquiere, sino que es innato, y por lo tanto, puede nacer en cualquier parte del mundo. Y en Andalucía, y más concretamente en Sevilla, lo bueno, abunda.

Lo difícil es que los afortunados deseen aprovechar al máximo su potencial y tengan al alcance de la mano un marco académico y profesional adecuado. De no ser así, sus capacidades corren el riesgo de quedarse en el tintero… o de emigrar a otro lugar donde estén más y mejor valoradas. Y eso es precisamente lo que desea evitar a toda costa la Universidad de Sevilla, que ha puesto en marcha un ambicioso plan para captar a genios en un plazo de cinco años. El programa, que forma parte del Campus de Excelencia Internacional Andalucía Tech, se basa en dos directrices:
Universidad de Sevillapor un lado, fichar a investigadores prestigiosos en el ámbito internacional, y por otro, retener a las jóvenes promesas andaluzas.

Para ello, dispone de un presupuesto de cinco millones de euros, una cantidad importantísima si se compara con lo que se venía invirtiendo hasta ahora, aunque naturalmente, sigue estando lejos de las cifras que se manejan en países como Francia, Alemania, Japón o Estados Unidos. Sea como fuere, este dinero será más que suficiente para atraer a docentes altamente cualificados a la universidad pública de la capital hispalense, donde instruirán a las nuevas generaciones con infraestructuras vanguardistas. Hay quien dice que no es más listo el que más sabe, sino el que sabe rodearse de los más sabios y aprende de ellos hasta superarles. Y eso, a corto o medio plazo, puede suceder en Sevilla.

El día de la suerte

Son tantas las ilusiones puestas en cada 22 de diciembre y tan pocas las probabilidades de conseguir uno de los premios importantes, que lo normal es que una vez extraídas todas las bolas del bombo y apagadas las voces de los niños de San Ildefonso, la sensación resultante sea de mala suerte. Sin embargo, con los datos en la mano, Sevilla no tiene demasiados motivos para quejarse, ya que es la tercera ciudad donde más veces (15) ha caído el Gordo, sólo superada por Madrid (73) y Barcelona (38). Obviamente, el número de habitantes tiene mucho que ver en ello, aunque la capital hispalense es la quinta del país en el ránking poblacional.

 

Al margen de 2006, fecha en la que cayó en la provincia, concretamente en Santiponce, los años afortunados fueron 1822, 1839, 1867, 1868, 1873, 1883, 1884, 1946, 1951, 1956, 1961, 1962, 1978, 1992 y 1998. No obstante, en uno de ellos el Gordo deparó tantas alegrías como frustraciones. Fue en 1951, es decir, hace justamente sesenta años, cuando el lotero Miguel Escámez, propietario de dos administraciones en Sevilla, imprimió y vendió más participaciones de las que respaldaban sus décimos, con la mala pata de que uno de sus números fue el más agraciado. Los que habían adquirido las participaciones por una peseta se frotaban las manos por las 7.500 que iban a recibir (un dineral en aquella época), pero nunca llegaron a verlas. El fraude
Lotería de Navidadno tardó en hacerse público y tanto Escámez como sus empleados fueron condenados a prisión, pero los estafados no obtuvieron ninguna contraprestación y se quedaron la miel en los labios.

 

Este año los sevillanos han gastado más de 81 millones de euros en Lotería de Navidad, una cantidad que, sorprendentemente, va incrementándose con el paso de los años a pesar de la crisis económica que azota a España y a buena parte del mundo. Hay quien piensa que la esperanza es inversamente proporcional al nivel adquisitivo, y que por ello, a día de hoy se sueña más con la posibilidad de saldar las deudas de un plumazo que hace una década. Esa fantasía podrán convertirla en realidad los que se hicieron con el número 2.184 en Écija y los que apostaron por el 3.643 en la calle Sierpes, ya que el sorteo de este año les ha asignado un tercer y un quinto premio respectivamente. 

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