No se sabe qué está peor, el tiempo o el bolsillo, pero lo cierto es que en la mañana de ayer, primer domingo de diciembre en que el comercio permanecía abierto y en pleno puente, había gente en la calle, pero sin bulla, y la mayoría de los comercios del centro estaban casi vacíos. La gente entraba, pero más para mirar o preguntar que para comprar.La excepción, aunque este año sin colas que esperar, se encontraba en el palacio gótico del Alcázar. El imán de los dulces de conventos sevillanos congregó a buen número de personas que, a diferencia del resto de tiendas, aquí sí salían cargados de bolsas con las delicias que las monjas de 19 conventos de clausura realizan en sus cocinas.