Los espectros del Fantasio

La irrupción de los centros comerciales y la expansión de la piratería audiovisual acabaron con muchos cines de Sevilla, incluido el Fantasio, al que un incendio terminó por darle la puntilla. Situado en la calle Pagés del Corro del barrio de Triana, cerca de la intersección con San Jacinto, gozó de mucha popularidad entre finales de los ochenta y principios de los noventa porque sus precios eran asequibles y apenas tenía competencia en ese lado del río. Pero también era conocido por el halo tétrico que le rodeaba, pues eran numerosas las leyendas de terror que circulaban en torno a sus proyecciones. Y no precisamente por el encantamiento de sus butacas o pantallas, sino por los ruidos que procedían del mugriento edificio de viviendas que estaba justo sobre él.

Algunos clientes juraron haber oído alaridos, pisadas y golpes secos, mientras que otros describieron espectros y luces cegadoras. El volumen de rumores fue creciendo de una manera tan abrumadora que el investigador García Bautista sintió la necesidad de estudiar aquellos sucesos paranormales. Pero su conclusión fue clara y concisa: allí no había nada extraño. Con el tiempo se descubrió que el origen de los fenómenos del Fantasio tenía una base estrictamente racional, trivial y mundana. Todo se debió a una promesa incumplida por parte del propietario del cine, que quedó en regalarle al dueño de un bar cercano uno de los pisos del edificio cuando concluyera las obras de remodelación. Pero faltó a su palabra.

Así, resentido por el engaño, el dueño del bar se propuso sabotear la venta del inmueble y comenzó a propagar todo tipo de invenciones sobre lo que ocurría unos metros más arriba del Fantasio. Durante un tiempo surtieron efecto, pues no había nadie que pasara por las inmediaciones y no dirigiera una mirada de desconfianza hacia la fachada, pero con el tiempo todo quedó en agua de borrajas. De hecho, el cine cerró definitivamente sus puertas en 1995 y las personas que viven en la planta superior lo hacen con absoluta normalidad. El fantasma, si es que alguna vez existió, se fue para no volver jamás.

Las “Carretas chicas” de Gines

Carretas Chicas GinesLas tradicionales “Carretas chicas” de Gines han vuelto a recorrer en estos días las calles de la localidad anunciando la ya inminente Romería de Pentecostés 2013, dejando a su paso estampas inolvidables que anuncian que en el pueblo ya se vive intensamente el Rocío.

Las “Carretas chicas”, cuyo origen se remonta a 1974, fueron recuperadas en el año 2004. Tiradas por niños y niñas, las pequeñas carretas reproducen a la perfección las auténticas que hacen el camino del Rocío.

Este pasado lunes, al igual que el miércoles, fueron un total de siete las carretas que, precedidas por el pequeño Simpecado, partieron de la Plaza de España para recorrer algunas de las calles más céntricas de la localidad, acompañadas por los sones del tamboril, dejando de manifiesto la devoción de los pequeños romeros y su implicación con nuestras tradiciones.

Perfectamente ataviados para la ocasión, y ante la atenta mirada de sus familiares y vecinos, los niños y niñas acompañaron a su Simpecado tirando  de las pequeñas carretas por las calles del municipio.

Con esta entrañable actividad, organizada por el Grupo Joven de la Hermandad del Rocío de Gines, se pone de manifiesto que la continuidad de la tradición rociera en el municipio está más que asegurada

 

Una selva a tiro de piedra

Entre los restos de una antigua mina de cobre que se remonta a la época romana y rodeada de un frondoso entorno natural, se encuentra la Reserva del Castillo de las Guardas. Son poco más de 50 kilómetros los que separan a Sevilla capital de este impresionante parque de animales en el que conviven, en condiciones prácticamente idénticas a las de su hábitat natural, más de 100 especies diferentes: leones, avestruces, bisontes, búhos, jirafas, chimpancés, osos, pelícanos, dromedarios, rinocerontes, hipopótamos, cebras, elefantes, buitres, pavos reales, etcétera. Los animales están agrupados en familia y gozan de la libertad suficiente para sentirse cómodos y no causar ningún daño al público.

El espacio total abarca 230 hectáreas y la visita puede realizarse con un vehículo propio o a través de un tren neumático que recorre un trayecto de unos 10 kilómetros y desde el que es posible dar de comer a los herbívoros. El parque también cuenta con esculturas de animales extinguidos a tamaña real, incluyendo los célebres dinosaurios, y con espectáculos realmente didácticos. Uno de ellos, el vuelo de las aves rapaces, se celebra junto a un lago natural que recoge las aguas procedentes de los montes colindantes, mientras que el de los leones marinos tiene lugar en una piscina. Asimismo, hay también una zona pensada para los niños que recibe el nombre de ‘El jardín de los peques’, donde pueden campar a sus anchas junto a liebres, guacamayos, ibis…

Además de todo lo enumerado hasta ahora, la Reserva del Castillo de las Guardas tiene más atractivos. Sus instalaciones cuentan con una pista de karting, escenarios de paintball, lugares para realizar escalada y rappel, un pantano en el que probar nuestras habilidades en el piragüismo, dianas para practicar el tiro con arco, una tienda de disfraces del oeste, paseos en barca, piscinas para combatir las altas temperaturas, columpios, restaurantes e incluso hoteles para hacer noche. En definitiva, una amplia oferta para pasar un agradable día en familia sin necesidad de hacer un viaje largo. El recinto abre todos los días a las 10:30 horas de la mañana y las entradas cuestan 22,50 euros para adultos y 16,50 para niños y jubilados.

La astucia de un rey

No es la primera vez que mencionamos a Pedro I y probablemente tampoco será la última. Como recordarán, en el siglo XIV este rey de Castilla era apodado por sus detractores como ‘El Cruel’ y por sus defensores como ‘El Justiciero’, fiel reflejo de que no dejaba a nadie indiferente. Sus andanzas por Sevilla dieron pie a varias leyendas y la que hoy nos ocupa tiene que ver con un asunto de honor. Una noche, mientras paseaba solo por el centro de la ciudad, se topó con uno de los Guzmanes, familia que apoyaba a su hermano bastardo en la lucha por el trono, y el encuentro fortuito terminó con un choque de espadas. Pedro I acabó con la vida de su oponente, creyendo que nadie le había visto, pero se equivocaba, pues una anciana que miraba por su ventana  distinguió perfectamente el chasquido de sus rodillas, conocido problema de nacimiento que le hacía caminar con dificultad.

Por aquel entonces, el alcalde de Sevilla, Domingo Cerón, se jactaba de que ningún delito cometido en la ciudad quedaba sin castigo y en este caso tampoco quiso hacer una excepción. De hecho, cuando los Guzmanes exigieron justicia, emprendió una investigación para esclarecer los hechos. “Cuando se halle al culpable, haré poner su cabeza en el lugar de la muerte”, afirmó. El juicio se inició con la anciana como único testigo, pero ésta se negó a confesar pese a las fuertes presiones. Llegados a este punto, el rey se dirigió a ella y, en un alarde de poder, le pidió con buenas palabras que delatara al asesino.  Entonces, la mujer se dirigió a una sala contigua y cuando vio que Pedro I era la única persona que estaba a su lado, le dijo que si quería ver el rostro del malhechor que mirara de frente al espejo que había colgado en la pared.

Al día siguiente, el Alguacil Real recorrió las calles de Sevilla con una caja sellada y pregonando que dentro de ella se encontraba la cabeza del asesino. La llevó al lugar del crimen (llamado entonces Los Cuatro Colmillos), ordenó a unos albañiles que la introdujeran en una hornacina y aclaró a los presentes que nadie debía abrirla so pena de muerte. Y allí permaneció intacta hasta el Pedro I falleció y los Guzmanes se apresuraron a conocer su contenido. Fue entonces cuando descubrieron por fin la identidad del asesino, pues en el interior hallaron el busto del rey, aunque con una particularidad: era de mármol. Dicha estatua aún puede contemplarse en la calle Candilejo. 

El lugar más transitado de Sevilla

Ahora puede resultarnos inverosímil, pero lo cierto y verdad es que durante la Edad Media un brazo del río Guadalquivir pasaba por lo que hoy es el centro de Sevilla. De hecho, el espacio que ocupa la Plaza Nueva era conocido como la laguna de la Pajería, ya que era propenso a las inundaciones. Por esta razón, durante mucho tiempo esta zona no estuvo poblada y fue empleada como cementerio, huerto, etcétera. Sin embargo, los cambios geológicos propiciaron que la orden franciscana se instalase allí en el siglo XIII, abarcando desde la Plaza de San Francisco (por eso fue llamada así) hasta la calle Zaragoza, donde fue levantado el convento de San Francisco el Grande.

El edificio sufrió los estragos de la Guerra de la Independencia y de un incendio posterior que tuvo lugar en 1810, el cual se llevó por delante la mayor parte de su estructura. Fue entonces cuando surgió la idea de derribarlo y acondicionar la zona para construir una Plaza Mayor como las de Madrid, Salamanca, etcétera. Tras una serie de desavenencias entre las autoridades competentes, en 1853 se concluyeron las obras, aunque no se inauguró oficialmente hasta cuatro años más tarde. A principios del siglo XX se incorporaron arriates para los jardines y se erigió el monumento a San Fernando (1924) en el centro, sustituyendo a un antiguo quiosco de música Evidentemente, el aspecto que tenía originariamente (se asemejaba a un caserío de dos plantas) difiere con el de ahora, y sólo podemos hacernos una idea certera de sus orígenes observando el tramo que va desde el edificio de Telefónica a la calle Barcelona.

La plaza fue rotulada, en orden cronológico, como Plaza de San Francisco, Plaza de la Infanta Isabel, Plaza de La Libertad, Plaza de la República, Plaza de la República Federal, Plaza de San Fernando y finalmente Plaza Nueva (1936), pero realmente la gente siempre se refirió a ella mediante esta última denominación. Actualmente está emplaza en el centro neurálgico de Sevilla, tanto a nivel administrativo (alberga al propio Ayuntamiento), como a nivel comercial (está rodeado de tiendas y empresas). En sus aledaños podemos encontrar, además de los ya mencionados, edificios de gran valor la Capilla de San Onofre, la Casa Longoria, el del Banco de Bilbao, el de la firma holandesa Philips, etc. No es de extrañar por tanto que un estudio reciente (el Índice TC-Street) haya revelado que la Plaza Nueva es el lugar más transitado de Sevilla, registrando un pico de 20.570 personas el pasado viernes 8 de febrero.

Turismo en familia por Sevilla.

TURISMO EN FAMILIA

Sevillaen360 propone un turismo familiar diferente, divertido y cultural para poder viajar con niños en cualquier época del año, vacaciones, fines de semana o puentes. Visitar el Museo de Bellas Artes o el Pabellón de la Navegación; pasar la mañana en el Parque de María Luisa, dar de comer a las palomas en la Plaza de América, visitar la Plaza de España y dar un paseo en barca o en la calesita del borriquito; ir de picnic al Parque del Alamillo y subirse en el Tren de Paseo o pasar el día en el Parque Temático Isla Mágica. Y para los más aventureros, una escapada a la Sierra Norte, visitar la Reserva Natural del Castillo de las Guardas o hacer una ruta en Kayak por el río Guadalquivir, son algunas de las actividades que os proponemos para disfrutar  de vuestras vacaciones en familia.

ACTIVIDADES PARA PASAR UN DÍA EN FAMILIA POR SEVILLA

 

 

.- Museo de Bellas Artes

Museo Bellas Artes SevillaEl Museo de bellas Artes de Sevilla fue inaugurado en el año 1841. Se encuentra situado en la Plaza del Museo. Considerado la segunda pinacoteca más importante de España, cuenta con una interesante colección de pinturas y esculturas del siglo XV al XX, especialmente de Zurbarán, Murillo, Velázquez y Valdés Leal o El Greco entre otros.

El Museo de Bellas Artes ofrece visitas guiadas y dinamizadas para familias, indicadas para adultos y niños a partir de 4 años, como la “Exposición El paisaje nórdico en el Prado”, una muestra procedente del Museo del Prado que cuenta con obras de artistas como Rubens y en la que se presentan los diferentes tipos de paisajes que surgieron en el siglo XVII en la pintura flamenca y holandesa.

Se trata de una visita gratuita, en español, de una hora y media de duración aproximadamente.

HORARIOS DE LA VISITA  FAMILIAR “EL PAISAJE NÓRDICO DEL PRADO”

Sábados 6 y 13 de abril, 4 y 11 de mayo a las 12 y 18 horas.

HORARIOS DEL MUSEO DE BELLAS ARTES DE SEVILLA

Martes, de 14.30 a 20.30 h.

De Miércoles a Sábado, de 9.00 a 20.30 h.

Domingos y festivos, de 9.00 a 14.30 h.

Cerrado: 1 y 6 de Enero, 1 de Mayo, 1 de Noviembre, 24, 25 y 31 de Diciembre.

INFORMACIÓN Y CONTACTO

Dirección: Plaza del Museo, 9. Sevilla

Tlf: 954 22 18 29

 

 

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La noche en el Real

Originalmente, la Feria se celebraba principalmente de día, pues no había ningún motivo para posponer la compra y venta de ganado a la noche, y la iluminación artificial tampoco estaba a la orden del día. De hecho, en un principio se utilizaba el petróleo como fuente de energía y posteriormente se pasó al gas, con las consabidas ventajas e inconvenientes que presenta este combustible. Ya en 1877, con motivo de la visita de la reina Isabel II, se instalaron por primera vez los vistosos farolillos de papel que han llegado a nuestro tiempo, pero sólo por una cuestión estrictamente estética, ya que por aquel entonces aún no emitían luz.

Hubo que esperar seis años más, concretamente hasta 1883, para que el Real del Prado de San Sebastián se encendiera bajo las estrellas mediante una instalación eléctrica, la que llevó a cabo la compañía Sevillana de Electricidad. Previamente ya se habían realizado algunas pruebas con potentes focos, pero los resultados no habían sido del todo satisfactorios. No obstante, uno de los ensayos que se habían efectuado sí tuvo bastante éxito a posteriori. Corrió a cargo de la empresa Niessen, que inventó un casquillo para que las bombillas pudieran ser enroscadas en los cables eléctricos de forma segura y cómoda, dando la posibilidad de formar preciosas hileras de luces como las que vemos actualmente.

Cuando se pone el sol entran en funcionamiento más de 250.000 bombillas repartidas entre 275.000 metros cuadrados y un total de 1.049 casetas, pero para la Feria de Sevilla la iluminación artificial es mucho más que una cuestión logística. De hecho, el tradicional alumbrado de la noche del pescaíto simboliza la alegría del comienzo de la fiesta y el apagado, la tristeza de que ha llegado el final. Todo ello, acompañado de los fuegos artificiales, que colorean el cielo hispalense nada más y nada menos que desde 1864. Ahí es nada.

Portadas con encanto

La Portada de la Feria es la puerta de entrada al Real, el mayor punto de encuentro de todo el recinto, el eje sobre el que se orientan los despistados y también el monumento camaleónico de todas las primaveras. Originalmente no era cambiante, sino que se aprovechaba para tal efecto alguna estructura cercana a los antiguos emplazamientos, como por ejemplo la Puerta de San Fernando, situada a la altura de la Real Fábrica de Tabacos, o la célebre Pasarela en el Prado de San Sebastián. Sin embargo, tras la desaparición de ésta última en 1921, empezó a implantarse la costumbre de instalar cada año una portada que pusiera en relieve el patrimonio de Sevilla.

Las primeras fueron pequeñas y escuetas, pero poco a poco fueron mejorando tanto en originalidad como en calidad.  Ya en 1948 se diseñó la recordada ‘Torre de los Toreros’, levantada sobre una fuente y decorada con capotes y cabezas de toros. A partir de los cincuenta se pierde el miedo a las alturas y se edifican portadas de mayor envergadura. Sin ir más lejos, la de 1966 abarcaba dos calles. La de 1974 estaba rodeada de escaleras que permitían el acceso a su interior y fue la más visitada de todos los tiempos, mientras que la de 2003, que homenajeaba el 500 aniversario de la fundación de la Universidad de Sevilla, alcanzó la máxima altura hasta la fecha (47 metros). Más recientemente fueron dedicadas a los 100 años de existencia de los dos clubes de fútbol de la ciudad: Sevilla (2005) y Betis (2007).

La portada de este año, ideada por Manuel Jesús Jiménez Varo y Miguel Ángel Pérez Cabo, los mismos autores de la del año pasado, mata tres pájaros de un tiro, ya que está inspirada en la Plaza de España, conmemora el 75 aniversario de la Fundación Once y hace alusión a la Hermandad del Rocío de Triana. El jurado la eligió por unanimidad pese a que se presentaron más de 80 proyectos y su construcción ha sido laboriosa. No en vano, se han necesitado unas 15.000 horas de trabajo, 2.500 metros de cables, 20.000 bombillas, 4.000 metros cuadrados de pintura y 500.000 euros de presupuesto. Eso sí, el esfuerzo ha merecido la pena, ya que ha tenido una muy buena acogida tanto por los entendidos en la materia como por el por el público en general.

Las voces de la Feria

La auténtica banda sonora de la Feria de Abril está compuesta única y exclusivamente por sevillanas.  Y además, no por unas cualquieras, sino por las mejores, independientemente del año en el que fueron lanzadas. Y es que las buenas sevillanas nunca pasan de moda y buena prueba de ello es que nuestros padres cantaban y bailaban muchas de las que siguen sonando ahora en las casetas, mientras que a los nuevos autores les cuesta la más misma vida colarse entre el selecto repertorio. Es por ello que hoy haremos un recorrido por los autores más celebres de este palo del flamenco, cuyas voces han permanecido (y seguirán permaneciendo) en nuestros oídos durante incontables horas.

Los primeros discos corrieron a cargo de Los Hermanos Toronjo, que impulsaron el subgénero de las sevillanas ‘bíblicas’, las cuales aluden a algún episodio religioso y tienen una moraleja final. Posteriormente entraron en escena Los Hermanos Reyes, naturales de Castilleja de la Cuesta, quienes ampliaron los horizontes tanto en las melodías como en las letras. También en el Aljarafe, concretamente en Gines, se crió Manuel Pareja Obregón, otro de los grandes compositores. Del mismo modo, artistas especializadas en la copla y en otros palos del flamenco hicieron sus propias incursiones en las sevillanas, con son los casos de La Niña de los Peines, Lola Flores, Paquita Rico, Concha Piquer, Estrellita Castro…

Y nos siguen faltando muchos autores por mencionar. Cuesta imaginar cómo sería de la Feria de Abril sin los Cantores de Híspalis y su clásico ‘A bailar sevillanas’, sin los Amigos de Gines y sus emotivas ‘Sueña la Margarita’ y ‘Cuando un amigo se va’, sin Las Carlotas y su tradicional ‘Esta niña viene tarde’, sin ‘Requiebros’ y su archiconocida ‘Mírala cara a cara’, sin María del Monte y su exitazo ‘Cántame’,  sin el estilo peculiar de El Mani con ‘¡Ay que te como!, sin Ecos del Rocío y su precioso tema ‘Soy del sur’, sin Albahaca y su animosa ‘Pasa la vida’, etcétera.

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