El salto de calidad de Fibes

El Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla, más conocido cono Fibes, fue diseñado por el arquitecto Antonio Sáseta Velázquez e inaugurado en 1989. Desde entonces, sus 50.000 metros cuadrados de extensión repartidos entre pabellones y zonas exteriores han acogido eventos culturales y empresariales de gran relevancia y diversa índole, tales como mítines políticos, ferias de muestras, convenciones, congresos, espectáculos… Incluso llegó a albergar una cumbre de la Unión Europea. Si bien su éxito ha sido incuestionable, en 2009 las autoridades llegaron a la conclusión de que tenía potencial para dar más de sí.

 

 
Fue por esta razón por la que se iniciaron las obras para su ampliación, con un presupuesto de 80 millones de euros. La principal novedad es la incorporación de un espectacular auditorio con capacidad para 3.557 espectadores, el cual se ha convertido de la noche a la mañana en el edificio cubierto más grande de España. El proyecto, liderado por Guillermo Vázquez Consuegra, ha sufrido algunos retrasos, pero el 4 de septiembre será estrenado con la celebración conjunta del 37º Congreso Europeo de la Federación de Sociedades Europeas de Bioquímica y del 22º Congreso Internacional de la Unión Internacional de Bioquímica y Biología Molecular.

 

 
Y es que la dirección de Fibes ha apostado fuerte por el sector médico-científico y la prueba que lo demuestra es que seguidamente acogerá también importantes congresos de dermatología, pediatría y cardiología. Según estimaciones oficiales, esos cinco primeros eventos mencionados se traducirán en un volumen de negocios de 17 millones de euros en la ciudad gracias a las pernoctaciones, el uso de los transportes públicos, la hostelería, etc. Pero no todo será académico. De hecho, ya hablábamos en un artículo anterior sobre el musical de ‘La Bella y la Bestia’ que se representará en diciembre y hace escasos días también se hizo público que el grupo Fito y Fitipaldis actuará allí el 27 de octubre. Con esta programación y la que está por venir, se puede afirmar sin miedo al error que Fibes dará un salto de calidad.

Triana: sus tradiciones

Pese a tener el centro de la ciudad a tiro de piedra, los trianeros siempre prefirieron hacer vida en el barrio antes que cruzar el Guadalquivir. Este simple razonamiento permite entender por qué en Triana existen tantas tradiciones, a cada cual más arraigada. Sin ir más lejos, hasta mediados del siglo XIX la Semana Santa de Triana era independiente de la de Sevilla y el dato que lo ilustra es que sus hermandades hacían estación de penitencia a la Iglesia de Santa Ana y no a la Catedral. Según apuntan los historiadores, Triana ha dado cobijo a doce hermandades, aunque sólo cinco han ‘sobrevivido’ a nuestros tiempos (La Estrella, San Gonzalo, La Esperanza de Triana, El Cachorro y La O). Esta última fue la primera en cruzar el puente de barcas en 1830.

Cuando se trata del Rocío, los trianeros se congregan en torno a una única hermandad, la de Triana, que roza los dos siglos de historia, es la sexta en antigüedad de todas las filiales y despierta una gran devoción. No es de extrañar por tanto que miles de peregrinos acompañen al Simpecado por los caminos hasta la ermita. También Triana celebra su propio Corpus Christi alfombrando sus calles con romero para que procesionen sobre ellas las imágenes de El niño Jesús, San Francisco de Paula, Santa Justa y Rufina, la Inmaculada Concepción y el Santísimo Sacramento. Asimismo, desde el comienzo del nuevo milenio, el distrito también presume de su Cabalgata de Reyes, la cual reparte ilusión, caramelos y regalos cada 6 de enero.

Religión al margen, la gran fiesta del barrio es la Velá de Santa Ana, si bien hay que recordar que tiene su origen en la romería que enaltecía la festividad de la patrona. Actualmente el pregón sirve como pistoletazo de salida a unos días repletos de luces, actuaciones musicales, gastronomía andaluza, competiciones deportivas, distinciones, etc. Y todo ello, sin olvidar la popular Cucaña, que consiste en atravesar el resbaladizo mástil de un barco para alcanzar el banderín y, de esta manera, lograr un premio. Para quienes no lo consiguen, el chapuzón en el río es irremediable.

Triana: sus rincones

Podría decirse que Sevilla y Triana están separadas por un río, pero desde otro punto de vista también podría afirmarse que están unidos por él, ya que la ciudad y el barrio son interdependientes y el Guadalquivir siempre ha sido el mayor denominador común. Cruzar desde la orilla meridional hasta la occidental a través del Puente de Triana implica adentrarse en un barrio con solera para dar y regalar, y la primera parada obligatoria es la Plaza del Altozano, el corazón de Triana y posiblemente el lugar que al que más cariño le tienen los trianeros. Antiguamente era punto de encuentro de los aljarafeños que querían llegar hasta la capital a través del puente de barcas y actualmente alberga un monumento en honor a uno de los mejores toreros de la historia: Juan Belmonte.

Muy cerca de la estatua se encuentra la Capilla del Carmen, pintoresca obra de Aníbal González construida con ladrillo y cerámica, material que siempre ha estado muy ligado al barrio, tal y como corroboran los talleres de las calles Callao, Antillano o Alfarería, que siguen desprendiendo el aroma de la tradición. A tiro de piedra también está el Mercado de Triana, y debajo de él, los restos del Castillo de San Jorge. Las tres arterias más importantes de Triana son las calles Castilla, San Jacinto y Pureza. La primera de ellas está presidida por la Capilla de la O, cobija a numerosos comercios y conserva algunos de los enraizados corrales de vecinos. En la segunda sobresalen la Iglesia de San Jacinto y la Capilla de María Santísima de la Estrella, mientras que en la tercera destacan la ‘Casa de las Columnas’, edificio en el que se formaban siglos atrás los marineros, y la sede de la Hermandad de la Esperanza de Triana.

Pero no todo se encuentra ahí. Triana no sería lo que es sin su calle Betis, cuyas maravillosas vistas suelen ser objeto de deseo de todas las cámaras fotográficas, sin su calle Pagés del Corro y su Convento de las Mínimas, sin su ‘catedral’, es decir, sin su Iglesia de Santa Ana, sin su Barrio León, sin su Tardón, etc. Y es que Triana es más grande de lo que dicen los mapas y tiene más lugares de interés de los que se pueden enumerar sin parecer reiterativo.

Triana: su gente

Es prácticamente imposible determinar con claridad qué es lo que diferencia a Triana del resto de Sevilla, pero nadie puede poner en duda que es un barrio especial y único. Lo que le define es algo inmaterial y etéreo que se focaliza en su gente, en las personas que se han criado en ese espacio que tiene como fronteras Los Remedios, el Casco Antiguo, La Cartuja y el Aljarafe, con el Guadalquivir como bandera. Por esta razón, un turista jamás podrá comprender su esencia a través de una corta visita o leyendo un folleto. Es necesario convivir allí durante un tiempo o ser testigos oculares o referenciales de sus vivencias para conocer la idiosincrasia de Triana.

Históricamente siempre fue un barrio humilde y trabajador en el que abundaron los marineros (por la cercanía al río), los alfareros, los obreros y los herreros. Muchos de ellos, de etnia gitana, y un ejemplo que lo ilustra es que la calle Pagés del Corro se llamaba antiguamente ‘La Cava’. Sin embargo, la presión inmobiliaria de los años 70 los desplazó a casi todos hacia la periferia de la ciudad. También la Guerra Civil influyó muchísimo en su demografía, ya que los trianeros opusieron resistencia a los sublevados y recibieron una dura represión. Aun así, Triana, como siempre, salió adelante sin perder ni un ápice de su identidad.

Otro rasgo distintivo del barrio es que ha sido cuna de grandes artistas en todos los campos: toreros (Juan Belmonte, Maera), pintores (Antonio de Arfían), tonadilleras (Marifé de Triana, Isabel Pantoja, Paquita Rico), actrices (Marujita Díaz, Paz Vega), cantaores (Chiquetete, Naranjito), bailaores (Antonio Canales, Matilde Coral), humoristas (Los Morancos), músicos (Jesús de la Rosa), y un largo etcétera. Todos ellos, con sus dones y a través de sus respectivas profesiones, han mostrado el exterior la personalidad abierta y alegre de los trianeros. La que se puede apreciar pero no imitar.

Triana: la génesis

Existe una leyenda que asegura que Astarté, diosa fenicia que representaba la naturaleza, la vida, la fertilidad y el amor, escapó hasta nuestra tierra cuando Hércules se encaprichó de ella. Decidió esconderse en la orilla occidental del Gualdalquivir, y prácticamente sin darse cuenta, fundó Triana en una zona hasta entonces yerma. De forma paralela, Hércules recorrió palmo a palmo todos los rincones del otro lado del río, pero allí, obviamente, nunca la encontró. No obstante, quedó tan embelesado con los lugares que había explorado que decidió crear la ciudad de Sevilla.

Mitología al margen, los primeros restos humanos que se han encontrado en este popular barrio datan de la época romana y fue precisamente en este periodo de la historia cuando adquirió su nombre: Tri-(tres)Ana(río), ya que el cauce del Guadalquivir se dividía en tres partes al llegar a este enclave. Eran los tiempos de Trajano, emperador nacido en Itálica, tal y como recordamos en un artículo anterior. No obstante, el despegue definitivo de Triana como sector importante de la ciudad no llegaría hasta la época musulmana, cuando era conocida como ‘Atrayana’ o ‘Athriana’. El motivo no fue otro que la construcción del edificio que hoy conocemos como Castillo de San Jorge, situado en una posición estratégica, y posteriormente, el levantamiento del puente de barcas, que permitió una conexión fluida entre el arrabal y el centro. Una vez que el trabajo más arduo ya estaba hecho, la ciudad pasó a manos cristianas.

La proximidad al río Guadalquivir era su gran ventaja y también su gran inconveniente, puesto que cada vez que la lluvia arreciaba y el Guadalquivir se desbordaba, el barrio sufría de lo lindo y los habitantes se veían obligados a guarecerse en la iglesia de Santa Ana. También la peste hizo estragos entre sus calles durante la epidemia de 1649, pero Triana, en una demostración de lo que ha sido y sigue siendo, no sólo se las apañó para resistir a todas las adversidades, sino que prosiguió erigiéndose como el barrio con más personalidad de Sevilla. De sus señas de identidad, sus gentes y sus tradiciones hablaremos en los próximos artículos.

Llega el musical de los musicales

Érase una vez un príncipe narcisista y altanero que vivía en un majestuoso castillo. Una noche intempestiva de invierno, una anciana llamó a su puerta para pedir cobijo ofreciendo como compensación una rosa roja, pero el príncipe no sólo le negó la entrada, sino que se mofó de ella. La mujer, como venganza, le lanzó un hechizo tan poderoso que convirtió a todos sus sirvientes en objetos inanimados, y a él, en una horrible bestia. Sus únicas posesiones pasaron a ser un espejo que le permitía ver el mundo exterior y una flor tan mágica como perecedera que hacía las veces de reloj de arena, ya que si no conseguía aprender a amar y a ser amado antes de que se cayeran todos sus pétalos, su nuevo aspecto sería irreversible. El príncipe cayó preso de la desesperación, pero justo cuando lo había dado todo por perdido, apareció en su vida una mujer llamada Bella que cambió el curso de los acontecimientos.

Esta es, en esencia, la historia de ‘La Bella y la Bestia’, un cuento de hadas muy extendido en Europa que ha sido llevado célebremente al cine…y
también a los teatros. Y es que desde 1994 existe un musical de Brodway ambientado en esta temática que cada año va perfeccionándose y mostrándose por toda la geografía mundial, obteniendo un éxito sin paliativos. Y ahora, por fin, ha llegado el momento de que haga su irrupción en Sevilla. Concretamente, el espectáculo estará en la capital hispalense desde el 23 de noviembre hasta el 2 de diciembre, si bien su estancia podría prolongarse en el caso de que la demanda sobrepasara las previsiones.

La versión española será interpretada por reputados actores en este campo como Ignasi Vidal (que será la Bestia), Talia del Val (Bella), Raúl Peña (Lefou) o Daniel Diges (Gastón). Además, la productora hará este verano un casting en Sevilla para elegir a tres niños que harán el papel de la tacita Chip. Las entradas ya están a la venta y los precios oscilan entre los 25 y los 55 euros. Como dato significativo, cabe destacar que ‘La Bella y la Bestia’ será el primer gran evento que acogerá el nuevo auditorio de Fibes, cuyas obras se encuentran en la recta final y podrían concluir este mismo mes.

El jardín de Blancanieves

Buena noticia para los niños, para los que se resisten a abandonar la infancia y paro los que les acompañan en los días de asueto. El antiguo parque de Blancanieves, situado entre la Avenida de la Borbolla y la Plaza de España, ha vuelto a abrir sus puertas con un aspecto remozado después de dos años de intensos trabajos. No se trata de un sitio de recreo como otro cualquiera. De hecho, posee nada más y nada menos que 450 especies vegetales procedentes de los cinco continentes, algunas de ellas en peligro de extinción, y ha pasado a llamarse oficialmente Jardín de Colecciones Didáctico y Educativo Medioambiental Joaquín Romero Murube.

Las labores realizadas por más de 120 alumnos de la escuela de jardinería, con la supervisión de la fundación Forja XXI y el apoyo de las instituciones públicas, ha dado como resultado un vistoso y heterogéneo paraje en el que se pueden encontrar todo tipo de plantas: frondosas, silvestres, coníferas, trepadoras… Además, se han instalado albercas, pérgolas, estanques, laberintos y pequeñas casas para aves con la idea de recrear un ecosistema cien por cien natural. Y por si fuera poco, cada rincón del jardín tiene un nombre que evoca a la fantasía, tales como la Fuente del Umbral del Sueño, el Árbol del Conocimiento, la Glorieta del Oráculo, etcétera.

Hay que recordar que el original parque de Blancanieves fue inaugurado en 1963 y disponía de 3.000 metros cuadrados destinados al entretenimiento infantil, pero con el paso de los años tanto el mobiliario como las zonas verdes fueron deteriorándose. Pese a todo, la reciente remodelación no sólo ha permitido conservar muchos de los murales y juegos, sino que también se han añadido otros nuevos de carácter didáctico. En resumen, estos jardines tienen todo lo necesario para que los pequeños y los no tan pequeños se diviertan aprendiendo y respetando la naturaleza.

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