La Catedral del Toreo

Aunque nos parezca una tradición contemporánea, lo cierto y verdad es que los orígenes de la tauromaquia se remontan a la antigua Roma, cuando se introducían a los uros (una raza bovina que ya quedó extinguida) en los circos para que fuesen cazados por los nobles a los ojos del público.  En la Edad Media, este tipo de animales también formaban parte de espectáculos festivos en sitios abiertos y a veces, como es lógico, generaban el caos debido a su bravura. Quizás fueron los incidentes los que provocaron que el hombre probase a enfrentarse a ellos a caballo y está documentado que en el siglo XVI, Carlos I de Inglaterra y su mano derecha, el Duque de Buckingham, participaron en un rejoneo durante su visita a España. No obstante, siempre hubo escuderos a pie que distraían al toro o lo guiaban hacia el lugar ideal para que el valeroso caballero tuviera el honor de matarlo.

De forma progresiva y constante, el arte del toreo fue evolucionando hasta tal y como lo conocemos hoy pese a la firme oposición de algunos prelados y monarcas. En Sevilla, la historia de la tauromaquia está estrechamente ligada a la de la Maestranza. Tras dar Felipe V su permiso, la orden de la Real Maestranza de Caballería decidió edificar en 1733 su propia plaza en el monte del Baratillo, la primera que tuvo forma ovalada en Real Maestranza de caballeríanuestro país (anteriormente eran rectangulares). Antes de que se levantara ya había corridas en la capital hispalense, pero fue su construcción la que aglutinó la afición de los sevillanos por los toros. Obviamente, su aspecto actual no tiene nada que ver con el de entonces. Poco a poco fueron incorporándose a la estructura (que inicialmente fue de madera y posteriormente de piedra) las dependencias, los palcos, la Puerta del Príncipe, la cubierta, la solería, los pasillos interiores, etc.

A principios del siglo XX, el arquitecto Aníbal González llevó a cabo una profunda remodelación del coso y no sólo cambió la piedra por el ladrillo, sino que cimentó de nuevo todo el tendido con una pendiente más suave y elegante. El resultado fue impecable y ya en aquel momento era consideraba como lo que es hoy día: la plaza más bella e importante de España y la mayor cuna de toreros del mundo. Por su arena han pasado las grandes figuras de la tauromaquia, tales como Joselito el Gallo, Pepín, Juan Belmonte, el Niño de la Palma, Chicuelo, Pepe Luis Vázquez, Cagancho, Curro Romero, Carlos Arruza, Manolete, José Tomás… Se puede afirmar sin miedo al error que ningún diestro ha sido encumbrado en su profesión sin salir a hombros de la Maestranza. Por eso la llaman la ‘Catedral del Toreo’.

Los buenos días de Manuela.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos días, de Feria mojada.

Decían los antiguos que una Feria mojada por la lluvia era señal de bonanza.

Y sería así en los inicios de la Feria de abril.

Feria del ganado, que se traía de los campos, se embellecía a fuerza de cepillo basto, se le limpiaban los dientes, se les daba lustre a las ubres de las vacas, hasta dejarlas rositas como el culito de un bebé, se disimula en lo posible la edad de la mercancía…
Y se exponía a la vista del comprador.

Yo ya no sé contar hasta los años que tengo.
Deben ser muchos porque recuerdo haber ido con mi padre a la feria del ganao.
A la del Prado de San Sebastian, ¡no!
¡Tantos años seguro que no tengo!

He ido a la feria del ganao que estaba donde ahora está construido el barrio de Los Remedios.

Para que os situéis, sólo estaban construidos lo que se llamó muchos años Los Remedios viejos.
Accediendo desde Sevilla a la otra margen del río, por el puente, se llegaba a un gran descampado.
A la derecha calle Betis, y el resto hasta llegar a Niebla, todo era campo.

Pues, allí, en toda esa extensión se ponía la feria.

Era un espectáculo y una fiesta para los ojos ver tanto ganao junto.
Lo que no me resultaba agradable era el olor.
Algunos trozos estaban cubiertos de pajas o pajizo, pero los excrementos despedían un olor muy fuerte, nauseabundo.
Los días de calor, el olor era insoportable. Y las moscas, también.
Por eso creo que decían que la feria mojada era señal de bonanza.
Sobre todo de bonanza económica.

La lluvia mitigaba los olores, limpiaba el pelaje de los animales y favorecía la transacción económica.
O sea, los tratos.
Y allí estaban los que vendían, los que compraban, y los tratantes.

“Este burro me gusta, ¿cuánto?
-Cien duros.
-Me lo llevo.”

Uno daba los cien duros y el otro entregaba el burro con la guía, que era la documentación que estaba al uso.
Se estrechaban la mano en señal de trato.
No había nada más. No había papeles que firmar. Estrechar la mano era palabra de hombre de ley y ahí quedaba todo.

El que tenía más ganao que vender se quedaba allí a la espera de otro cliente y el que tenía más dinero que invertir, daba vueltas y vueltas buscando lo que le interesara.

“ – ¿Cuánto vale este caballo?
– Doce mil reales.
– ¡Eso no puede ser, hombre! Este caballo no vale ni seis mil reales.
– Pos de once no bajo
– Pos yo sólo llego a siete.
– Que sí
– Que no.”

Y al final el caballo se vendía por unos diez mil reales.

Yo no entendía nada.
Allí se hablaba de duros y de reales.
Yo sólo conocía la peseta, o la gorda o la chica que me daban para comprar chucherías.
Pero aquello me resultaba divertido.
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Los buenos días de Manuela.

Buenos días, amigos de Sevilla.

Buenos días, de ecuador de Feria.

“!Ay, ay!- decía una gitanita ayer.

¡Ay, ay! Qué estoy reventá! y aún me quedan tres días de Feria.

¡Pos no vengas más! – le decía el hermano.

¡Sí, hombre! ¡Y esperar hasta el año que viene!”

Quedan tres días de feria, hay mucha gente que está reventá, las carteras están cada día más vacías, pero nadie quiere perderse ni un minuto de estar en el Real.

Conozco una familia, puede que haya más, que se traslada a vivir a la caseta.

En la trascaseta hay una sola cama, y cuando les pregunté cómo dormían, me dijeron: “Muy fácil, cuando uno se levanta el otro se acuesta”

¡Ya hay que ser amante de la Feria!

Y siempre está el saborío de turno que dice: “Total, en la Feria, qué se hace?. ¿Comer, beber y bailar?”

¡Pues sí! Básicamente eso.

Y a media noche un caldito con yerbabuena para seguir alternando.

¡Sí, eso es la Feria!

Hay quien tiene bastante con un ratito y hay quien necesita la semana entera.

También está el placer de vestirse de gitana, de pasear el Real a caballo o en coche de caballos, de ir a los cacharritos de la calle del Infierno, de ver una corrida de toros en la Maestranza o de compartir unos días de juerga con los amigos.

Es una semana para divertirse y pasarlo bien.

Esa es la Feria y lo es para una minoría.

Hay muchos sevillanos que ni siquiera la pisan.

Y, a parte de otros motivos, el principal salta a la vista. Puede que haya cuerpo que lo resista, pero no hay cartera que lo pague.

Y no estoy descubriendo nada nuevo ni criticando a nadie ni a nada.

Es una realidad.

La misma realidad que en todas las fiestas del mundo.

Hay quien se las puede permitir, hay quien no, y hay quien las trabaja.

Y creo que este último colectivo es el que más necesita de las fiestas.

Por eso me revientan las críticas que estoy leyendo en la prensa y oyendo y viendo en televisión.

“¡Qué barbaridad! ¡Qué derroche de dinero! ¿Dónde está La crisis?”

¡Pues hijo, un niño chico lo entendería!

La crisis está, pero no es igual para todos, y me parece estupendo que el dinero corra de mano en mano.

Sobre todo de la mano que lo tiene a la que se lo busca con su trabajo.

¡Seamos serios, señores!

Menos palabrería hueca y repetida.

Por lo menos cambiad el discurso, que todos los años es el mismo.

¡Anda, vámonos un ratito a la feria, y que cada uno la viva como pueda y quiera!

Y los criticones de la prensa que no se aprovechen de la credencial y se pongan púos de tó, y de gañote.

¡Ay, ay!

Buenos días, amigos de Sevilla.

Buenos y de ecuador de la Feria.

 

Manuela Sosa Martin.

Los buenos días de Manuela.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos días, de homenaje.

Me gustaría que hoy recordáramos las sevillanas de El Pali.
O que habláramos de Sevilla, viene a ser lo mismo, como él decía.
Paco, el pali, nace en Sevilla en 1928.
En 1970 graba su primer disco de sevillanas. Es el primer solista que sepamos.

Se le conoce como el trovador de Sevilla. Sus sevillanas cantan las tradiciones de “mi tierra”.
Su voz, inolvidable, desgarrada, quedará en la memoria de todos los sevillanos.

Y por si se ha olvidado…
“Sevilla tuvo una niña
Y le pusieron Triana.”

¿Para cuándo un reconocimiento de Triana al Pali,
el primero que cantó sevillanas, por seguirillas trianeras?

¿Hasta cuándo una respuesta de su barrio de El Arenal?
“Arenal de Sevilla, y olé,
Torre del Oro”

Y no me digan que hay que morirse, porque Paco murió en 1988.
¿Falta memoria, falta agradecimiento, faltan medios?

¿No será que falta la sevillanía que a él le sobraba?

Cigarreras, toreros, aguaores, chumberos, gitanitos de la cava, capataces, mujeres con pañoleta, coches de punto, caracoles y cabrillas, búcaros finos, camarones de la Isla, los barbos, el de la nieve, el Postigo de la sal, el Postigo del aceite, el Altozano, la calle Pureza, la esperanza de Triana, las buñoleras, el maletilla, el Barranco del pescao…

¿A quién no le cantó el Pali?

A mí en esta Feria me gustaría bailar al son de sus sevillanas.

¡Espero que alguien se dé por aludido!

Y ya no valen más plaquitas de cerámica en Triana.
Se trata de un homenaje como se merece una persona, que cantó el costumbrismo de su Sevilla.
Escuchando sus letras se entiende cómo era la Sevilla de principios del XX.
Escuchando sus letras recuperamos parte de nuestra historia local.

Queda dicho.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos y de homenaje a El Pali.

 

Manuela Sosa Martin.

La metamorfosis de la Feria

Resulta paradójico que la Feria de Abril, una de las manifestaciones más castizas de Sevilla, fuese promovida inicialmente por un catalán (Narciso Bonaplata) y un vasco (José María de Ybarra) en 1846. Ambos, a la sazón concejales de la ciudad hispalense, habían oído de hablar de las dos ferias anuales (una en abril y otra en septiembre) que se celebraban siglos atrás durante el reinado de Alfonso X el Sabio y remitieron una propuesta al Cabildo Municipal para recuperarlas. El alcalde, Conde de Montelirio, trató de convencerles de que esa idea estaba condenada al fracaso porque ya existía una muestra de mucho tirón en Mairena del Alcor, pero tras la insistencia de los dos ediles terminó dando su brazo a torcer. Eso sí, sólo autorizó una de ellas: la primaveral.

 

Así pues, durante los días 19, 20 y 21 de abril de 1847 se celebró la primera edición en el Prado de San Sebastián, que en esos momentos formaba parte de la periferia de la ciudad. Alrededor de sus 19 casetas se comerció con chacinas, dulces, vinos, licores, y sobre todo, con ganado. Al fin y al cabo, la feria había sido concebida principalmente para la compra y venta de caballos, bueyes, carneros, toros…y las escasas fotografías que se conservan dan buena fe de que el terreno se convirtió por momentos en una especie de dehesa densamente poblada. El éxito fue rotundo y las crónicas cifraban una asistencia aproximada de 75.000 personas sumando a autóctonos y forasteros.

 

Desde su concepción, la Feria también estuvo estrechamente ligada a los acontecimientos taurinos y las mejores corridas se reservaban para esas fechas. Por aquel entonces ya era una estampa habitual que los aristócratas y los ganaderos más prósperos se desplazaran desde el Real hasta la Plaza de la Maestranza en carruajes. Se puede decir que esa es una de las pocas cosas que no han cambiado, ya que con el paso del tiempo la fiesta ha ido evolucionado y desmarcándose de lo que fue en su origen. Una de las razones que explican la metamorfosis es que fue seduciendo a todos los sevillanos independientemente de su condición social. Y claro, al disparase la demanda, la oferta no sólo se multiplicó, sino que también se diversificó. Así, fue necesario construir una pasarela (el origen de lo que hoy es la Portada) que servía como paso elevado y evitaba aglomeraciones, se habilitaron zonas de baile, se fomentaron las comidas en grupo, se instalaron atracciones de ocio… hasta transformarse en lo que hoy conocemos como la Feria de Abril de Sevilla.

Los buenos días de Manuela.

Buenos días, amigos de Sevilla.
Buenos días, de sevillanas inéditas.

Ya se acerca la Feria. Ya huele a pescaito.
Ya se ve el alumbrao.
Me pregunto qué pensarán, qué sentirán los extranjeros.

Les han vendido el paquete completo y aquí los tenemos, plano en mano y mirando con asombro.
Nosotros estamos acostumbrados, a la luz y a la belleza de Sevilla.
¿Nos entenderán?

El habla, no, porque mira que hablamos rápido. Cortamos las palabras. Las suplimos con gestos y damos por supuesto que los demás nos entienden.
Nosotros nos entendemos.
El que quiera aprender más que haga un curso de andaluz.

Ya se acerca la Feria y Sevilla se está llenando de gente forasta, como dice mi vecino.
O sea, forasteros, extranjeros: forastas.

Como tenemos que repasar el baile y el cante por sevillanas, os paso éstas de mi tío. Auténticamente inéditas. En primicia para los amigos de Sevilla.

“Por la canal de tu pecho
muchos suspiros salieron
salieron por tu boquita
se enredaron en tu pelo

Aquellos ojos negros
que tú tenías,
me cautivaron siempre
de noche y día.”

¿Entenderá la letra uno de Suecia?

Y como siempre mezclando las dos fiestas grandes de Sevilla

“Párala tú costalero
costalero párala.
Quiero rezarle una salve
a la Madre Celestial.

Que yo la quiero,
que yo la quiero.
La quiero como a mi madre
que está en el Cielo.”

Y seguro que el costalero para el paso, para que mi tío le cante la salve por sevillanas. ¡Seguro!
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