Unos 100 hermanos de Pasión y Muerte ya han encargado sus túnicas de nazareno. «Tenía la promesa de salir de nazareno el primer año en el que la hermandad fuera con túnicas. Me cuesta mucho trabajo andar y el médico me ha desaconsejado participar en la estación de penitencia, pero pienso cumplir mi promesa y vestirme de nazareno siempre que pueda», confiesa Manuel Bendala López, hermano desde 1996 de Pasión y Muerte, mientras se prueba la túnica ruan en la nueva casa hermandad.Como a Manuel Bendala, a la mayoría de los hermanos de la recién estrenada hermandad, les «parece mentira tener la túnica puesta» después de una larga espera que empezó a contar hace 20 años en la parroquia de La O.
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Tomasín era un chico de corta edad, huérfano de madre. Su padre trabajaba en una fábrica de ferrocarriles en el barrio de San Jerónimo y dado que la jornada laboral de este hombre era de casi todo el día, no tenía tiempo para cuidar de su hijo adecuadamente, por eso decidió que Tomasín fuese cuidado por las monjas del convento de Santa Isabel. La ilusión de Tomasín era la de salir de nazareno en la cofradía de Los Gitanos, para ello las monjitas le confeccionaron la túnica, para que su padre lo metiera en las filas de nazarenos el Viernes Santo por la mañana. Tomasín contaba los días para vestirse de nazareno, pero tuvo la mala fortuna de caer enfermo meses antes de Semana Santa.
Le rasgó la túnica y le propinó varios golpes.